Cleveland en Miami, mas de lo mismo.

 

Milos Karadaglic

Milos Karadaglic

El título “Mas de lo mismo” no implica una connotación necesariamente negativa sino que refleja inquietud y en cierta medida, justificada preocupación. La gran Orquesta de Cleveland conlleva una garantía inobjetable, es una de las mejores del mundo, podría decirse que la Maserati del parque automotor-orquestal. Por eso, conducir una Maserati por calles sometidas a estrictos límites de velocidad no demuestra ese esplendor para el que está diseñada. Algo parecido sucede con la temporada invernal que la orquesta desarrolla en Miami. Aunque el repertorio tienda a ser accesible y popular – ninguna objeción contra eso – también se necesita un menú suculento que exhiba a esa Maserati a la máxima potencia; si no es como ordenar (y conformarse) sólo con appetizers.

Esa fue la sensación durante el concierto de apertura de temporada con un programa que exaltó el Mediterráneo, España e Italia para mas datos, y que si en papel ya sonaba sospechoso la realidad no hizo mas que confirmarlo. Un desfile festivo de trillados caballitos de batalla que al final del día causó un efecto monótono contrario al deseado. 

Tanto con el Capricho Italiano que abrió la noche como con el Capricho Español que sirvió de conclusión la orquesta tuvo una actuación de primerísima categoría; pocas veces en Miami se apreciaron semejante claridad, detalle y colorido en las dos visiones latinas por ambos titanes rusos gracias al eficaz trabajo de Gian Carlo Guerrero. A eso se sumó la presencia del promocionado Milo Karadaglic, un virtuoso de la guitarra para el siempre bienvenido Concierto de Aranjuez.

Principal atracción de la noche, la actuación del joven guitarrista montenegrino fue técnicamente irreprochable, recordó la esencia camarística de la pieza trayendo a la sala de concierto una cuota de sana intimidad. No obstante, la indispensable pasión no logró trascender al ámbito inmenso del Knight Hall donde la guitarra sonó algo disminuída. A su musicalidad innata y delicadeza interpretativa, Karadaglic sumo una lectura directa pero distante, sin artificios ni amaneramientos y la orquesta creó el marco correspondiente mas allá de algún desfasaje fugaz.

Completó el programa Las fuentes de Roma, que fueron plasmadas con la requerida transparencia pastel que pintó Respighi y aquí Guerrero trasmitió entusiasta el ambiente romano à la Puccini (y por qué no también fellinesco) y la poesía evanescente de la partitura. Si es verdad, que se hubiera preferido una piece-de-resistence que equiparara al Rodrigo, debe admitirse que la pieza fue vertida con indiscutible solvencia.

En definitiva, una velada ejecutada con el nivel propio de la Cleveland pero que al mismo tiempo suscita la siguiente reflexión: si la New World Symphony deslumbra con el Concierto para orquesta de Bartok, la Orquesta de UM se atreve con La canción de la tierra de Mahler y en unos días la Orquesta de San Francisco brindará un notable programa Liszt, Prokofiev y Ravel, no sería hora que en su estadía miamense la mejor – o una de las tres – orquesta americana proporcione una oferta mas atractiva, exigente y contundente para todos los niveles de audiencia?. A los Clevelanders les costaría poco y el menú los haría absolutamente imprescindibles. Todos saldrían ganando.

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