Iolanta & Netrebko, sólo ve quien quiere ver

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Mirar es fácil, ver no tanto. Mirar y querer ver, es otra cosa. Requiere voluntad y esfuerzo. Saber que mas allá de la ignorancia hay luz, aprender a ver y no quedar aislado son los temas tácitos de Iolanta, la última ópera de Tchaicovsky que moriría un año después. En un solo acto es una joyita estrenada en 1892 junto a El Cascanueces para luego independizarse y caer en un inmerecido olvido fuera de Rusia. Mas cerca de la Patética, que la seguirá en orden cronológico, con razón el compositor la prefirió al ballet. Y como Eugene Oneguin, del que tiene ecos, es una ópera de soledades y revelaciones pero decorada con connotaciones místicas. La historia medieval de la princesa ciega que no sabe que es ciega y cuya ceguera depende de que quiera ver. La ceguera como barrera a su integración con el mundo, a ser aceptada por la sociedad, una constante en la obra y vida del torturado Tchaicovsky. Y como en todo cuento de hadas, la llegada del consabido “príncipe azul” que le enseñará el significado de la luz despertándole el deseo de ser curada. Iolanta, como en las películas de Sara Montiel o Libertad Lamarque, se cura. 

Ópera con final feliz, son pocas. Ópera que denota las influencias musicales de occidente, mas cerca de los franceses (especialmente Massenet), ni lejos del Wagner del Oro del Rhin y el jardín de Parsifal – por entonces Tchaicovsky había asistido al Festival de Bayreuth -, o de Lortzing, Weber, Dvorak e incluso Brahms, a quien no admiraba pese a haber nacido también un 7 de mayo, y del que no puede evitar alguna que otra frase tipicamente brahmsiana. Mas francesa que alemana pero rusa al fin, Iolanta necesitaba una cantante que la popularizara en occidente. Y entonces Iolanta puede significar a Nebrebko lo que en su momento Rusalka fue a Fleming, un perfecto vehículo de lucimiento, una criatura desconocida y cautivante en una composición ecléctica, híbrida pero sin dudas fascinante. El personaje le va como un guante a Netrebko, tanto mas cómoda en este repertorio que en los recientes Verdi y Strauss.

Abordada en los 70 por la excelente Tamara Milashkina y por la meteórica Galina Gorchakova en los 90 – en la idiomática grabación con Gergiev – vale recordar que la virginal Iolanta fue la última criatura de la veterana Galina Vishnevskaya en Carnegie Hall y Paris en la década del 80, quien imprimió su sello incomparable mas allá de la precariedad de medios. En la comprensión del rol y timbre Netrebko ha sabido equipararla, la voz es mas sedosa y profunda, mas pesada y menos flexible que hasta hace poco pero sin el punzante timbre eslavo de sus antecesoras. Amén de la frescura vocal que parecería estar abandonándola, es una asunción que supera sus últimos trabajos.

La acompaña un elenco de alto nivel, empezando por una de las mas preciadas estrellas actuales del Mariinsky, Sergey Skorokhodov, un tenor con el poderío sonoro para enfrentar la ardua tesitura del Conde Vaudemont. Como su amigo, “el buen Robert”, el barítono Alexey Markov es otro importante descubrimiento del registro, Lucas Meachem es un excelente Ibn-Hakia mientras que el bajo ucraniano Vitalij Kowaljow es un estentóreo Rey René.

La orquesta y coro de Eslovenia bajo Emmanuel Villaume aporta el marco apropiado, sin estridencias, con rara elegancia, sin el edulcorado sentimentalismo en el que sería fácil caer. Villaume entrega un trabajo redondo, multifacético y minucioso.

La imaginería y misticismo de la ópera basada en la pieza del danés Henrik Hertz, a su vez inspirada en Andersen, sirve a Tchaicovsky para una partitura plena de color y lirismo, provista de la inspiración que sentía lo había abandonado. Una combinación de elementos diversos a un año del estreno del Pelleas de Maeterlinck que una década después florecerá con Debussy, y ese reino de Allemonde tiene algún paralelismo con la comarca provenzal. Grabada en concierto en la Philarmonie de Essen, es la mejor antesala para familiarizarse con la obra previa a la puesta en escena del Met, en vivo, telecast o posterior DVD. Es también una lección para Netrebko, que como Iolanta refleja la máxima  sólo ve quien quiere ver.

* TCHAICOVSKY, IOLANTA, VILLAUME, DG 00289 479 3969

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