Javier Perianes mira al norte

HMC902205

No es novedad que el joven pianista andaluz está en un gran momento y que su carrera prosigue en franco ascenso con una notable seguidilla de aciertos. Ni meteórica ni promocionada como otras, conlleva un resultado lógico, el de la suma del  talento y mérito indiscutibles. Este triunfo de la autenticidad y de una personalidad que se impone sin avasallar, donde elocuencia y delicadeza van de la mano, lo testimonian estos dos o tres últimos años de cosecha plena. Después del Mendelssohn sin palabras llega un disco Grieg, asimismo con críticas laudatorias a lo largo y ancho del mundo musical. Poco queda por decir que no haya sido dicho y con lo que no se coincida.

En lo personal, Perianes me reveló a Blasco de Nebra, aportó nueva luz a Mompou y De Falla, además de sus espléndidos Schubert, Beethoven, Debussy y Chopin sumó Mendelssohn y ahora Grieg como consecuencia directa y lógica. ¿Se necesitaba otra versión del célebre concierto para piano?. La probable respuesta “no”. No obstante, Perianes logra interesar y cautivar con un disco que muestra las dos vertientes del compositor, y entonces la negativa se vuelve un “si” definitivo. La conjunción de las piezas líricas – una selección formidable – con la grandiosidad del concierto pintan un retrato cabal del noruego. También en este sentido el disco se convierte en referencia obligatoria.

Perianes es un poeta, un lírico no exento de rigor y fuerza que asimismo obtiene un sabio balance entre lo interno y externo. Es como un torero, detrás del elegante espíritu hispano se esconde un matador que sabe clavar las banderillas en el momento exacto. Y así sucede con la bravura del concierto, donde de repente asoma esa reciedumbre requerida, afortunada e indiscutiblemente ibérica. Lo acompaña impecable la orquesta de la BBC bajo el finlandés Sakari Oramo, un estilista de garra para este registro originado en el Barbican londinense. El toque es personal, fluido, decantado, claro, obviamente expansivo y rotundo en el primer y tercer movimiento de un concierto romántico por excelencia dotado de elementos folclóricos y del lirismo arrebatador propio de Schumann y Tchaicovsky. En el Adagio, Perianes deja filtrarse aquella luz nórdica, por momentos intimidante en su frialdad azogada, en otros íntima y acogedora hasta regresar a la fiereza expresiva del final. Ese mismo control y nobleza se repiten luego, cuando parece cantar los Lieder que subyacen en cada pieza lírica hasta hacerlos suyos. Son como doce cuadros de una exposición, cada uno con luz propia y a la vez un racconto de vida. Claro, Perianes es mas Sorolla que Munch y ese sol le sienta tanto mejor a Grieg, permite ver y apreciar su amplia paleta cromática. En su sencillez estremece con la evocación de “El viajero solitario”, la ternura de la “Canción de cuna”, la sublime introspección del “Nocturno” y “Nostalgia”. La toma de los estudios Teldex berlineses es óptima.

Si sus próximos trabajos discográficos estarán dedicados a Bartók, Granados, Turina y a las canciones de Garcia Lorca con Estrella Morente, la redondez y hondura de su sonido impacientan por escucharlo en Brahms y Schumann, en las Baladas del primero y en las Escenas del bosque del segundo. Valdrá la pena esperar mientras se disfruta de este bellísimo Grieg tan auténtico como inesperado, donde un poeta no solo mira al norte, también lo ve.

*GRIEG, PERIANES, BBC SO, ORAMO, HMC 902205

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