Vibrantes contrastes del alma rusa

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Si bien no “llegaron los rusos”, dos noches seguidas de apertura de la temporada musical Miami 2015-16 lo sugirieron cuando Rusia se adueñó del programa inaugural de la New World Symphony y la Friends of Chamber Music. Hubo coincidencias y divergencias en un repertorio que abarcó dos siglos con la figura central de Tchaicovsky presidiendo la segunda parte de cada velada y un guiño al alma infantil comenzando un concierto y terminando en el bis del otro.

Homenajear a su venerado Stravinsky fue la elección de Michael Tilson Thomas para abrir la temporada y primera mitad del concierto. El creador y regente de la NWS contó su relación con el compositor durante su temprana adolescencia en Los Angeles, donde aprendió y compartió momentos invalorables de su formación con el genial músico. Fue un tributo de favoritos personales y obras poco frecuentadas, en especial Renard. El cuento moralizador del zorro Renard que se burla del gato, del gallo y la cabra trajo la primera intervención de la noche de los hombres del Dmitri Pokrovsky Ensemble, importante grupo popular folklórico ruso que luego se completó con las mujeres en Les Noces.

De inobjetable interés, la participación del grupo lució mejor en papel que en el escenario; con la autenticidad del apasionado, las voces sin impostación clásica de este conjunto profesional dedicado a la investigación de las tradiciones folklóricas causó impresiones encontradas y algún anticlima al que no contribuyó la excesiva amplificación que en el caso de Les Noces opacó la fundamental actuación de los cuatro pianos. Del atrevido período primitivo stravinskiano, Les Noces es una composición tanto mas compleja que Renard y definitivamente fascinante porque entre otras cosas, fue directa, inocultable inspiración para la Carmina Burana de Orff. Con percusión, bronces y vientos, la excelente actuación de los miembros de la orquesta bajo su director estampó el sello de calidad acostumbrada enmarcando a un ensamble que quizás pudo haber funcionado mejor en el contexto de un festival dedicado al compositor.

La orquesta íntegra hizo su entrada en la segunda mitad del programa para abordar la Primera Sinfonía de Tchaicovsky. La brisa helada y nostálgica de los “Sueños invernales” actuó como un bálsamo gracias al enfoque de Michael Tilson Thomas de un lirismo contenido que fue desarrollándose hacia el gran climax final. El segundo movimiento fue lo mejor de la noche con cuerdas iridiscentes enmarcando la noble tarea del oboe y de los bronces que respondieron con absoluta precisión. Si el caudal sonoro del último movimiento llegó a ensordecer, evocó el poderío y vigor del triunfo del alma rusa.

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Quienes desafiaron la inclemencia del tiempo para asistir a la apertura de FOCM con el Cuarteto Borodin fueron premiados con el regalo de la Rusia profunda, plena de un lirismo tan sobrecogedor como lacerante. El célebre cuarteto cumple setenta años (Rostropovich y Barshai se contaron entre sus miembros originales) y en la cálida acústica de la Coral Gables Congregational Church hicieron olvidar la furia de la tormenta a un público absorto, literalmente, cautivado.

Desfilaron tres Rusias, cada una con su estilo y color propio. El arrobamiento pastoral del Segundo Cuarteto de Borodin – donde la juguetona voz del violín de Ruben Aharonian se permitió cierta libertad expresiva que recordó el filo de una Galina Vishnevskaya -, el horror stalinista del Octavo de Shostakovich – una interpretación colosal, pura música en grises y negros donde no entró la mínima luz de esperanza – y el Segundo de un Tchaicovsky mas europeizado y elegantísimo en la mejor tradición clásica, alejado del nacionalismo del Borodin inicial. Como bis, la Marcha de los soldaditos de madera del Album Infantil de Tchaicovsky, dibujó sonrisas sin dejar de marcar el paso.

La vehemencia y reciedumbre del Borodin así como sus colores y texturas graves, insondables, por momentos jugando con asperezas y astringencias, otorgaron matices únicos a cada composición. La unidad y al mismo tiempo diferenciación de las cuerdas logró plasmar tanto  un órgano de iglesia como la lúdica despreocupación del folklore fuera coro o una sola voz. El admirable cuarteto entregó una noche camarística magistral imbuída de fuerte personalidad esbozando una vastedad casi tangible, la del alma rusa.  

Borodin Quartet

Borodin Quartet

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