Kate Lindsey & Baptiste Trotignon, miles de… bravos

 

De tanto en tanto aparece un disco que hace desear porque no se termine. Thousand of Miles es uno de esos privilegiados, alquímica unión de dos mundos y dos artistas de raza, la mezzo americana Kate Lindsey y el pianista francés Baptiste Trotignon.

A los 36 años, Kate Lindsey es una de las mezzosopranos líricas mas solicitadas del momento y que conste que las buenas competidoras abundan; su Hansel, Cherubino, Sesto y especialmente Nicklausse han sido notable carta de presentación en las grandes casas líricas. Si sus dos álbumes con canciones del compositor Mohammed Fairouz permitieron adivinar una intérprete inquieta y sagaz, éste lo reconfirma sin vuelta de hoja. La propuesta es encapsular cuatro exilios en canciones; el resultado, un éxito rotundo. Ese exilio que fue común denominador para Kurt Weill, Erich Korngold, Alexander Zemlinsky y Alma Mahler huyendo de la pesadilla nazi, recorriendo las “miles de millas” del título, desembarcando en América para adaptarse, metamorfosearse como pudieron y en última instancia, sobrevivir. Eran sapos de otro pozo, emblemas del renacimiento de la tradición austro-germánica, del nuevo Berlin y la añosa Viena, talentos desarraigados en parte cercenados por una barbarie emergida de aquel huevo de la serpiente que Ingmar Bergman reflejó tan bien en la película del mismo nombre.

Ambos artistas diseñan un programa inteligente, cautivante, donde Kurt Weill prevalece y los demás acentúan un marchito sabor europeo que parece alejarse en el horizonte para no regresar jamás. Cómo cantar Weill es eterno tema de discusión, compuestas para la inclasificable Lotte Lenya (“Voz una octava abajo de laringitis” según el compositor y compañero de vida), quizás sólo la recientemente desaparecida Gisela May la equiparó. En el ámbito clásico muchas grandes lograron traducirlo exitosamente a sus voces entrenadas academicamente. Lindsey es un camaleón que combina lo mejor de aquellas – léase la pionera Teresa Stratas depositaria del legado de Lenya de canciones sin publicar, Brigitte Fassbaender, Anne Sofie von Otter e incluso Audra McDonald-, las unifica y añade su toque personal. Es un literal capolavoro. Cada canción revela un tratamiento de filigrana. Para plasmarlo apela a todos sus recursos, no le importa engolar, ahuecar la voz, ni saltar por sobre convenciones establecidas, los exquisitos filados y pianisimos están a la orden así como deliciosos parlandos y bruscos remates. Su voz está al servicio del autor, aterciopelada, jugosa, agria, hiriente, suntuosa, irónica; es caoba, es metal y también hielo. Es un arriesgarlo todo por Weill, un todo por el todo que funciona como espejo del multifacético alemán con el justo toque de desenfado e irreverencia, sin caer en sofisticaciones artificiosas o amaneramientos absurdos.

El Weill berlinés con textos de Brecht – para La ópera de tres centavos y Ascenso y caída de la ciudad Mahagonny no teme usar varias voces – contrasta con el americano de Lost in the Stars, el humor de Buddy on the Nightshift engarzado con el nostálgico Berlin Im Licht y un Je ne t’aime pas y Nanna’s Lied de antología. La colaboración de Baptiste Trotignon deslumbra especialmente en el Weill, donde improvisa a sus anchas guiado por una intuición milagrosa. Trotignon acompaña, comenta, borda, añade, refleja, compite, se equipara a su cantante en este fenomenal tour de force.

El pianista no deja de aportar una visión y color diferente en cada Lied de Korngold, Alma Mahler y Zemlinsky. Como en Weill, cada uno tratado como una historia individual para pintar un todo. Aquí Lindsey es una perfecta mezzo camarística, elegante, inmaculada, acariciando cada frase y palabra; tanto Schneeglöcken como Mond so gehst du de Korngold son dos joyitas tratadas con infinito cuidado, dos del puñado de canciones que sobrevivieron a la tempestuosa Alma Mahler muestran la influencia de su maestro (y enamorado) Zemlinsky que concluye el programa con un agridulce aire vienés, apropiado y sugestivo. Es un telón que cae lentamente, un consuelo, un bálsamo dulce y etéreo que motiva a esperar por una pronta secuela de este equipo formidable. No será fácil superarlos ni superarse, pero habrá que estar atentos.

*THOUSAND OF MILES, LINDSEY, TROTIGNON, ALPHA 272

 

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