NWS, protagonistas del futuro próximo

Edwin Outwater

 

 

Se acerca el fin de la temporada musical, la orquesta está fogueada, literalmente “a punto” y para los integrantes de la Academia Orquestal Americana – léase New World Symphony – llega el momento de lucirse, de exhibir lo aprendido y asimilado en riguroso calendario. El “Show-Case Concert” es un ya tradicional escaparate donde un puñado de instrumentistas escogidos se presentan en calidad de solistas para un concierto que conlleva especial camaradería y no menor intensidad.

No sólo se trata de mostrar el virtuosismo de algunos fellows, sino la oportunidad de conocer obras claves para instrumentos que son poco frecuentadas en la sala de concierto convencional. Sin ir mas lejos, el primero de la velada fue el Concierto para Arpa del ucraniano Reinhold Glière (1875-1956) que exigió implacable virtuosismo a Chloe Tula (22 años). Con obvia influencia de Tchaicovsky y Rachmaninoff, compuesto en 1938 la obra es otro típico intento de igualar un instrumento postergado colocándolo al frente de la orquesta. Tula supo brindar las requeridas exquisitez y reciedumbre, imponiendo la presencia del arpa sin reservas dentro del marco orquestal dirigido atentamente por Edwin Outwater, quien fuera director asociado de la Florida Philharmonic y que regresa con frecuencia a la New World Symphony, de hecho dirigirá la celebración del centenario de Bernstein la próxima temporada.

Siguió un notable despliegue por parte de Ansel Norris (25 años) a cargo del Concierto para Trompeta de Nepomuk Hummel, un clásico para el instrumento que el joven Norris dominó en todo momento, especialmente en el apabullante rondó final donde dio prueba de precisión y coraje. Otro clásico es el Concierto en Fa Mayor para Fagot de Carl Maria von Weber que fue excelente vehículo de lucimiento para Darren Hicks (27 años) y para quien la obra pareció no tener secretos. Sólo segundo en importancia al de Mozart para ese instrumento, Weber añade un lirismo operístico irresistible con melodías del mas rancio clasicismo que la orquesta y solista disfrutaron de principio al fin.

No obstante, el momento álgido de la noche llegó con el hoy popular y legendariamente arduo Concierto para Violín de Samuel Barber, pieza que a partir de la década del ochenta viene ganando merecido reconocimiento. Prueba y desafío que en manos de Emerson Millar (22 años) resultó una delicia inesperada, y donde el Stradivarius para la ocasión resultó una adición de lujo en cuanto a sonoridad y calidez. Millar exhibió un enfoque certero, sin amaneramientos ni tentadores azúcares, regocijándose en la serena melodía del andante, con la profundidad de intérpretes que lo han hecho suyo. La frondosa orquestación, mención especial para el oboe y los bronces, mantenida firmemente bajo control por el director californiano, rendondeó una entrega de kilates.

En síntesis, otra demostración del extraordinario trabajo de la NWS y en el caso de Millar un recuerdo del gran violinista Gil Shaham – eximio quizás definitivo intérprete del Barber – que luego de una clase magistral en la NWS dijo sin reparos “A estos muchachos queda poco o nada por enseñarles”.

próximo concierto de la NWS:

Johannes Moser-Stephan Deneve, 7 y 8 de abril, información

Entrevista a Johannes Moser

 

Cloe Tula

Emerson Millar

 

 

 

 

 

 

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