Cuando el rio suena, agua trae

 

Llega el verano y gran parte de la “audiencia clásica” local emigra hacia destinos mas frescos, favoreciendo aquellos donde la buena música es ingrediente fundamental de la dieta vacacional, léase Aspen, Tanglewood, Marlboro, Santa Fe o SunValley por nombrar sólo unos pocos. Mientras tanto, en la pausa estival se gestan proyectos, se hacen balances y se producen cambios. Sin embargo, este año la típica calma veraniega ha dado paso a cierta inquietud.

Sucede que tampoco Miami ha podido escapar al #MeToo que sacude a la música clásica y que ha arruinado ilustres carreras como las de James Levine, Charles Dutoit y ahora Daniele Gatti. Y en ese renglón, si de “monstruos sagrados” del pasado se trata mejor no indagar demasiado porque acarrearía la estrepitosa caída de ídolos impensados. Muchos famosos comportamientos dejarían de ser “anecdóticas indulgencias”, por asi decirlo, para ser llamadas por su nombre: conductas inadmisibles. Más allá de talento y genialidad, hubo y seguirá habiendo abusadores, acosadores y déspotas, el talento per se nada justifica. En tanto más de un supuesto predador debe estar rezando no ser el próximo, tampoco sorprendería un efecto boomerang de hombres denunciando mujeres, lo cierto es que el mundo de la música clásica está dejando de hacer la vista gorda y las víctimas hablan, un rasgo de sanidad a destacar. Como sucede en toda revolución, la “purga” no está exenta de venganzas por motivos ajenos a los que quiere redimir, y en el camino, inevitablemente, paga algún justo por pecador. Por lo pronto, esta punta de iceberg y marea reivindicadora alcanzó de costado a Florida Grand Opera, la mas antigua e importante compañía lírica de la región, la que de un tiempo a esta parte viene sufriendo una evidente mala racha, a saber.

En febrero de este año, la desaparición de uno de sus mas fieles y generosos mecenas añadió una cuota de incertidumbre frente a las deudas que la compañía no logra liquidar, un déficit de tres millones y medio según afirma SFC en su artículo del 23 de julio donde también se anuncia la partida de su Directora General y CEO hacia California. Después de seis años, Susan Danis deja el cargo (otros miembros del equipo original ya habían emigrado a otras compañías) aparentemente sin sucesor planeado o en ciernes, a lo que ya se había sumado una serie de renuncias en la comisión directiva a finales de esta temporada. El balance de su gestión provoca controversias y debates pero vale mencionar logros como los estrenos locales de una ópera contemporánea cada año: El luto le sienta a Electra, El cónsul, Florencia en el Amazonas, Before Night Falls, No Exit, La pasajera y la incorporación al repertorio de Orfeo y Euridice. La elección de títulos es un asunto delicado, Danis apostó a su gusto personal y debe reconocerse que la mayoría del público no respondió a la propuesta. Tácticamente, mantuvo hasta hace dos años al valenciano Ramón Tebar, como “Musical Director” (nombrado por el regente anterior, Robert Heuer) y responsable por elevar considerablemente el nivel de la orquesta integrada por músicos independientes. En últimas temporadas y aduciendo sus múltiples compromisos internacionales (Valencia, Viena, Barcelona, Naples, etc), Tebar fue relegado a “Principal Conductor”. Ahora, en un vistazo a la página web, sorprende que su nombre haya sido eliminado despertando dudas sobre su situación actual, sólo aparece como director de La Boheme en noviembre.

Si el lamentado fallecimiento del crítico y autor Brian Kellow, reciente e importante adquisición para consolidar el débil flanco de relaciones públicas de la compañía fue otro inesperado golpe, lo peor estaba por venir y no precisamente por hechos ocurridos en FGO, sino una década atrás. El escándalo desatado por las investigaciones del Washington Post avivaron fantasmas del pasado a dos destacadas figuras relacionadas con la música local; por un lado, William Preucil, concertino de la Orquesta de Cleveland, cuya residencia invernal en la ciudad se reduce cada año; por otro, al régisseur y empresario Bernard Uzan, asiduo director de escena de FGO y, junto a la soprano Diana Soviero, su mujer, a fines del 2016 designados directores del programa de jóvenes artistas. Como resultado de las acusaciones, el veterano Uzan decidió retirarse de la profesión en un comunicado de la agencia de artistas que dirige y en el que delega el mando de la misma a su hija Vanessa. Además, Uzan renunció al programado Werther de la temporada próxima además de, junto a Soviero, rescindir ambos al Young Artists Program.

De momento, FGO se ha limitado a escuetos partes de prensa en medio de lo que supone una urgente reestructuración abarcando varios frentes. Mientras la dirección interina ha sido confiada a Justin Moss, experimentado baluarte de FGO por mas de veinticinco años, prensa, suscriptores y público en general aguardan expectantes comunicados oficiales que aclaren minuciosamente cada renglón. Está demás expresar que se espera con justificada inquietud los pasos a tomar en una entidad que no está como para navegar aguas turbulentas y que no puede ni siquiera pensar en quedar a la deriva. Sería hora de dar vuelta la página, sumar fuerzas, conservar logros obtenidos e implementar soluciones. Que suceda cuanto antes, por el bien de la música y de la ópera en estas costas de vientos y mareas variopintas.

 

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