Una prisión que libera a su Dama



Con tan merecido como bienvenido viento a favor, La prisión seguramente será la mas celebrada incorporación del año al repertorio discográfico tal como el pasado resultó el compacto M. Weinberg por Mirga Grazinyte-Tyla. Es el momento perfecto para descubrirla gracias a esta espléndida primera grabación mundial. Es una prisión que literalmente “libera” a su creadora, la británica Ethel Smyth (1858-1944), dejándola finalmente expuesta a una tardía consagración universal.

Personajón de su era, Dame Ethel (condecorada en 1922) fue una batalladora como pocas, baluarte del movimiento sufragista (acabó tres semanas en prisión en 1912, donde con un cepillo de dientes como batuta dirigió su “Marcha de las mujeres”), compuso contra viento y marea en una época imposible para el sexo “débil”. Ante el enojo familiar encabezado por su padre militar, a los 19 años marchó a perfeccionarse a Leipzig donde conoció a su ídolo Brahms – que “no pudo creer que esa música había sido compuesta por una mujer” – además de, entre otros, Clara Schumann, Grieg y Tchaicovsky. Respetada entre sus pares nunca pudo dejar de ser relegada como “compositora” escondiéndose bajo las iniciales E. M. Smyth, le habían achadado que su música sonaba “demasiado femenina” o “demasiado masculina”. Prolífica en todas las disciplinas, compuso además una media docena de óperas, su mas famosa The Wreckers(1906) mientras que El bosque fue la primera ópera compuesta por una mujer estrenada en el Metropolitan neoyorquino en 1903, una sola función (dicho sea de paso, la segunda recien llegó un siglo después, L’amour de loin de Kaija Saariaho en 2016 ).

A los 72 años, a punto de perder la audición, en 1930 se despide de su profesión con esta suerte de grandioso oratorio-sinfónico que resume su existencia: La prisión, reflexión filosófica entre un inocente condenado a muerte – preguntandose ¿Acaso quien no tiene una prisión? – y su alma sobre texto de Henry Bennet Brewster – su único amante varón a quien confesó “resulta más sencillo para mí amar con pasión a mi propio sexo que al tuyo”– y que ella misma dirigió en Edimburgo para su premiere mundial siendo estrenada cinco dias despues por Sir Adrian Boult en Londres con unánime desaprobación crítica; en contraposición, fue muy respetada por célebres directores como Hermann Levi, Bruno Walter, Thomas Beecham y Arthur Nikisch.



La prisión llega en buen momento, a propósito del centenario del articulo XIX de la Constitución americana otorgando el voto femenino en 1920, es un hito e ideal punto de partida para conocer su obra. Para barítono, soprano, coro y orquesta, en esta oportunidad la flamante, estupenda Experiential Orchestra (EXO) neoyorquina bajo su creador James Blachly, máximo especialista de la obra de Smyth, que no en vano trabajó años en la partitura. Sumergirse en este híbrido sinfónico coral acarrea insospechadas recompensas, se va de sorpresa en sorpresa ante el eclecticismo de la compositora y su notable manejo de las fuerzas corales y orquestales asi como en las intervenciones de los jóvenes solistas – soberbia Sarah Brailey al igual que el impecable bajo-barítono Dashon Burton – de un lirismo y efecto apabullantes.

Genuino compendio y decantación de todo lo aprendido, en ésta su única sinfonía, la veterana Smyth asimila estilos y corrientes para unificarlos con sorprendente cohesión hasta plasmar un manifiesto personalísimo de innegable belleza. Una melodía griega (Seikolos, la mas antigua en existencia), una viñeta de la Salomé straussiana, el Beethoven de la Fantasia Coral y el Schumann de El paraiso y la peri y por supuesto, The Dream of Gerontius de Elgar, oratorio británico por antonomasia, son vagos referentes asi como la curiosa anticipación que hace del Britten marino de Peter Grimes y los inevitables ecos de Bach, Handel, Wagner y Brahms que pueden detectarse como evocaciones e inspiraciones para concitar una obra tan formidable como su autora.

Una hora y apenas minutos de música que reverdecen los laureles de su creadora pasados setenta y cinco años de su desaparición física para ubicarla en un repertorio internacional donde debió haber estado hace mucho, demasiado, tiempo. Chandos hace justicia con esta grabación excepcional desde todo punto de vista, firme contendiente a protagonizar la lista de discos del año.

*SMYTH, THE PRISON, BLACHLY, CHANDOS CHSA5279

James Blachly