El irresistible encanto de West “Coast” Story


En espléndida versión de concierto, West Side Story marcó el cenit del “Festival de ópera bajo las estrellas” emprendido por la Opera de Naples como astuta solución de último momento frente a la crisis desatada por la pandemia. Cancelada la temporada, su director artístico Ramón Tebar rediseñó, planeó y llevó a cabo este conciso y no menos ambicioso festival de tres noches – un recital de Joseph Calleja, La traviata y West Side Story – que tuvo lugar en el predio del Baker Park y que reunió en total la friolera de 3,000 espectadores, todo un récord e idea para imitar que por lo visto será bienvenida tendencia este verano próximo, primero fue la Opera de Palm Beach, luego Orlando y ya anuncian títulos Glimmerglass y Santa Fe. 

Vuelve a imponerse revalorar la icónica partitura de Leonard Bernstein cuyas virtudes musicales definitivamente se potencian cuando queda al desnudo, sin diálogos ni escenografía e incluso sin ballet; cuando sólo la música permite ver y apreciar un entramado sinfónico complejo, aventurado y fascinante que la hacen una obra única sumado a un puñado de canciones bellísimas; una isla emblemática de la americanidad. Notable producto de su tiempo donde Bernstein se universaliza al “pintar su aldea” (por adopción) y que trasciende no sólo por sus valores intrínsecos sino por seguir acusando triste vigencia. Con su aguda intuición, Lenny logró encapsular la multifacética cultura ciudadana de su país creando un tapiz tan minucioso como irrepetible donde planea la excelente excusa del atemporal conflicto de Romeo y Julieta.

A sesenta años del estreno de la versión cinematográfica, Tebar lideró la que grabara Bernstein con voces operísticas demostrando que no hubo justificación para las injustas críticas que en su momento recibió el registro; en este formato la obra emerge con un calibre diferente, con una solidez que la engarza con las grandes óperas americanas amén del incontestable logro de erguirse como el musical par excellence, al ubicarse justo en el medio, en hábil equilibrio entre dos géneros. La rica orquestación, el maridaje de ritmos latinos contrastando con el jazz urbano emergieron clarísimos con una orquesta “al fresco” que fue afirmándose y creciendo a lo largo de una representación que acabó resultando demasiado corta, el mejor elogio ante la ajustada y efectiva labor del ensemble. Adaptándose a la amplificación, los ruidos del espacio abierto y aterrizajes del aeropuerto cercano (apenas advertido en dos o tres momentos) el director español impecablemente consustanciado con el estilo y espíritu de la obra y su Naples Festival Orchestra obtuvieron un resultado admirable, vigoroso y no menos poético.


Asimismo el grupo de cantantes de diversas procedencias logró consolidarse y entregar una lectura sin fisuras, mostrando la rápida integración del trabajo de equipo bajo la guía del director Mark Danni y el palpable entusiasmo en volver a pisar un escenario sin contar con la bonanza de actuar frente a público, finalmente.

Tanto “Jets” com “Sharks” rivalizaron fieramente destacándose Darren Drone (Riff), Eric Viñas (Bernardo) y John Riddle (Action), vale mencionar que el desopilante Gee, Officer Krupke (a cargo de Louis Dall’Ava) fue uno de los mejores momentos de la noche en pendant con el clásico America por las revoltosas “portorriqueñas”. Si Alex McKissick fue un efectivo Tony y la canadiense Carolyn Sproule una Anita de voz ahumada y provocadora, la estrella de la noche fue Isabel Leonard al componer una Maria soberbia. En One Hand One Heart y el célebre Tonight se acopló tiernamente a Tony y supo sacarse chispas con Anita en el I have a love que corona el A Boy Like That. No obstante, I Feel Pretty fue su pieza de resistencia al entregar una lectura tan encantadora como memorable, dejando un valioso aporte a la historia de la obra de un compositor que le va como anillo al dedo a su temperamento y aterciopelado esmalte vocal.

En el vertiginoso Quinteto Tonight y en el desolado final – ese curioso, profético signo de interrogación y reflexión que Bernstein deja al público como un guante a recoger – cantantes y orquesta mostraron excelente nivel culminando asi una noche de éxito rotundo para este intrépida propuesta. En síntesis, una West Side Story que bien mereció llamarse West Coast Story.

Información sobre la Opera de Naples