Miami City Ballet desvela su propio «Lago»

MCB_swan_lake_22-1377_by_IziliaevSi costó seis años de planeamiento y una demorada espera impuesta por la pandemia, finalmente el Miami City Ballet estrenó la versión completa de El lago de los cisnes de Tchaicovsky incorporándolo a su repertorio. Es su produccción mas costosa hasta fecha; un hito en su evolución y afianzamiento que merece festejarse. Fundado en 1985, hasta 2011 dirigido por Edward Villela y desde entonces por Lourdes López el MCB es junto con la New World Symphony – ambas con sede en Miami Beach – la entidad más exitosa en el ámbito de la música y sus disciplinas derivadas del condado Dade. Integrada por más de cincuenta bailarines, la compañía exhibe un repertorio de cien ballets que incluye una docena de estrenos mundiales y representaciones no sólo en Miami, sino también en las vecinas Fort Lauderdale y Palm Beach. Con notable apoyo de la comunidad cubanoamericana – recuérdese la tradición balletística en la isla – este Lago agotó las localidades en sus cuatro funciones en su sede oficial del Adrienne Arsht Center.

Hasta ahora, MCB venía abordando el segundo acto por Petipa y la resumida de Balanchine, en claro tributo a sus directores y estética pero, asumir la versión completa implicaba un emprendimiento de gran envergadura; desafío del que emergió triunfante en gran medida gracias a la coreografía elegida. No se acudió al tradicional Lago de los cisnes sino a una versión curiosísima, “históricamente informada” que no sólo rescata sino que reconstruye la original de 1895 para el Marinsky debida a Petipa e Ivanov con las anotaciones de Vladimir Stepanov de 1905 halladas en archivos de la Universidad de Harvard. El orfebre responsable en unir las partes de este enmarañado rompecabezas fue Alexei Ratmansky, artista en residencia del ABT, ésta es “su” versión y lo amerita con creces. Absolutamente clásica aunque diferente, no admite comparaciones y en esta particularidad se aprecia la astucia de Lourdes López en haberla escogido; interesantísima, por momentos fascinante, con dosis de naivete que le otorgan un sabor único. Así una compañía mayormente abocada a la danza contemporánea añade esta tradición que junto al exitosísimo Cascanueces de Navidades demuestra la facilidad de instalar un clásico en la audiencia cuando se lleva a cabo con tal rigor y calidad.

A diferencia de algunas versiones de Lago que puede resultar tediosas (en especial los bien conocidos langueurs del tercer acto), ésta parece, literalmente, “volar”. Sintética, sin faltarle nada, centra su atención en el cuerpo de ballet, el fuerte donde convenció con impecables formaciones y proverbial seguridad. En el primer acto los bailes de paisanos, imbuídos de contagiosa vitalidad, constituyeron uno de los máximos aciertos rivalizando con los de diferentes reinos del tercer acto. Asimismo, en los actos blancos, los cisnes lucieron tutús antiguos de medio largo además de otros detalles propios de la época. Entre las novedades destacóse la revaloración de la mímica, algo anticuadas pero sin duda encantadoras, y sorpresas como la participación de Benno, el confidente del príncipe, en el adagio del segundo acto entre Odette y Siegfried. Por su parte, el cisne negro se muestra en un tutú de azules, púrpuras y verdes iridiscentes. Funcional y eficaz, quizás un tanto convencional, la planta escenográfica de Jerome Kaplan y la iluminación de Mark Stanley; no es un reparo sino una observación.

Si este Lago es uno que a primera vista favorece el conjunto, la intervención de Odette-Odile por Samantha Hope Galler vale destacarse asi como su Siegfried, Cameron Catazaro. El elenco se completó con los excelentes Andrei CHagas (Benno) y Luiz Silva (von Rothbart). En el foso, la orquesta Opus One, integrada por instrumentistas de diferentes agrupaciones, realizó espléndida labor bajo la dirección de Beatrice Jona Affron.

En esta “versión Ratmansky”, el cuarto acto (de hecho, es tercero al haberse unido los primeros en dos cuadros) incorpora el “Valse bluette” y el “Un poco di Chopin” en orquestación de Drigo, como elementos reconciliatorios en el pas d’action entibiando el dramatismo que enlaza desde el final del acto anterior y que culminará en un final tan trágico como risueño, con la pareja ascendiendo al cielo en un cisne “á la Lohengrin”.

En definitiva, la premiere americana de esta versión, estrenada en 2016 por el Ballet de Zurich y luego La Scala, permite a Miami ostentar un Lago de nivel internacional sumando otro atractivo para conocer, apoyar o seguir frecuentando la renovada tradición del MCB

Miami City Ballet  https://www.miamicityballet.org

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