Volverse océano, vastedad en música

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Ha transcurrido casi siglo y medio desde que el acorde inicial de El oro del Rhin sumergió a los asistentes del flamante teatro de los festivales de Bayreuth en un mundo nuevo y a la vez familiar, amniótico. Un impacto que continúa intacto hasta hoy tanto para melómanos avezados como para novatos, un chispazo acuático que encendió la tetralogía y que resumió toda la música en el sonido del origen del mundo. Y ese acorde abisal e interminable es la inspiración de Become Ocean, la monumental composición de John Luther Adams, suerte de paisaje marino que llega en el momento justo cuando se debate el destino del planeta por el calentamiento global y que fuera galardonada con el Premio Pulitzer 2014.

Así como durante la crisis de AIDS en la década del ochenta, John Corigliano supo plasmar la voz del drama con su primera sinfonía; John Luther Adams – compositor americano nacido en 1953 y residente en Alaska desde 1978 – logra encarnar en los cuarenta minutos de Become Ocean la ominosa incertidumbre del presente y futuro planetario.  Si esa inspiración de innegable raíz wagneriana cede al mar de Debussy y la oscuridad de Sibelius mientras ejerce la hipnótica fascinación de Philip Glass, su origen se remonta a la frase de John Cage refiriéndose a la obra de Lou Harrison “Escuchándolo nos volvemos océano”. A este punto de partida, tan distante de los anteriormente mencionados, el compositor agrega “La vida nació en el mar, mientras se derrite el hielo polar y suben los mares, nos hallamos frente a la disyuntiva que otra vez, podríamos volvernos literalmente océano”.

Su intención en crear un sentimiento indivisible entre la fascinación, el descanso y el terror subyacente que permita al espectador perderse en la música es tan meritoria como el de apartarse en lo posible de toda papilla mística ambiental que termine siendo contraproducente pero que en instancias resulta inevitable. Afortunadamente, Become Ocean es mas que eso, es una pieza densa y colosal pero accesible a todo nivel que se desenvuelve al filo de la navaja entre dos vertientes musicales y también entre lo externo y lo interno; que envuelve, confronta y hasta subyuga pero no relaja en el sentido que algunos pretenden atribuir a la música erudita, tal como polemizó en su brillante editorial, el compositor y escritor Patrick Castillo Beethoven no escribió la Sinfonía Heroica para su clase de yoga”.

Este enfoque no es nuevo para Adams, ya lo ensayó en las mas crípticas Dark Waves y Sila: el aliento del mundo aunque en Become Ocean despliega un tejido orquestal mas suntuoso e intrincado que sería fascinante ver en vivo por su complejidad y requerimientos para cada instrumentista y además, porque debido a su  corte ilustrativo clama por imágenes en las salas de conciertos multimedia actuales. Tres orquestas se requieren, las tres coinciden sólo en los climax musicales, mejor dicho, tsunamis sonoros. Encargada por la Sinfónica de Seattle – obtuvo clamorosa recepción en el Benaroya Hall de esa ciudad y en Carnegie Hall – es la misma entidad la responsable por llevarla espléndidamente al disco bajo la batuta de Ludovic Morlot, de hecho, compacto y también dvd en la misma edición.

Aquí también el tiempo se ocupará de su suerte, de que logre permanecer en el repertorio aunque por el momento es una pieza contemporánea en el estricto sentido del término y que, como el mar que simboliza, crece, invade, inunda, atruena y vuelve a su lugar, a su misterioso origen así como lo hace la tetralogía wagneriana desde hace ciento cuarenta años.

*JOHN LUTHER ADAMS, BECOME OCEAN, MORLOT, CANTALOUPE, CA21101

John Luther Adams

John Luther Adams – foto Evan Hurd

 

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