Die Walküre, elusivo fuego sagrado en Salzburgo

 

Hace medio siglo, el entonces todopoderoso Karajan inauguraba el Festival de Pascua en Salzburgo con Die Walküre, puntapié inicial de “su” tetralogía wagneriana acompañada por respectiva grabación integral para DG (coincidentemente apenas finalizada la histórica de Solti para Decca registrada entre 1959 y 1966). No sólo había elegido un elenco tan diferente como polémico sino que el clásico lugar de la filarmónica vienesa era ocupado por su rival, la Filarmónica de Berlín. Para esta versión de transparencia camarística convocaba a expertos Siegmund y Hunding (Jon Vickers, 41, y Martti Talvela, 32), a Josephine Veasey (37) como Fricka y a Régine Crespin(40), Thomas Stewart (39) y Gundula Janowitz (30) respectivos debutantes en Brünnhilde, Wotan y Sieglinde. Todos jóvenes, dueños de voces lustrosas, menos heroicas, no asociadas con esos personajes, obteniendo resultados que si aún despiertan algunos reparos no dejan de ser fascinantes: el fraseo y feminidad incomparable de la francesa, la inteligencia interpretativa del texano y la pureza vocal de la alemana. Así Karajan desafiaba la supremacía de Nilsson, la flamígera Rysanek y al legendario aunque demasiado veterano Hotter. Existen fragmentos filmados, quizá el video completo descanse en los archivos del festival esperando hacerse público algún dia.

Cincuenta años después, en conmemoración se revive esa puesta “de Karajan” con la imponente escenografía cósmica de Gunther Schneider-Siemssen de clara extracción Nuevo Bayreuth, léase Wieland Wagner, en el amplísimo escenario del teatro de los festivales. Recuérdese que en admirable asociación, el escenógrafo alemán colaboró en una treintena de producciones con el director austríaco. La puesta original ha sido aggiornada con algunos toques que la acercan a la de Pierre Audi en Amsterdam amén de alguna que otra ocurrencia desatinada, el paupérrimo silloncito de los dioses por ejemplo. Algo anticuada y en las antípodas del actual eurotrash, mantiene la grandiosidad e impacto de antaño pese a que el fuego no atemorizaría ni al ratón Mickey. Sorprende la tibia dirección de Vera Nemirova, autora del notable Anillo de Frankfurt, y que rechazó los trajes originales por caducos, al no aportar ni revelar novedad alguna, sino limitarse a una rutina mas bien incómoda donde falta tensión dramática. 

En el foso le llega el turno a la Staastkapelle de Dresden, una de los poquísimos organismos que pueden rivalizar con Berlin y Viena, al mando de su director Christian Thielemann – y regente del festival desde 2013 – en muchos aspectos, suerte de Karajan de nuestro tiempo. Los resultados son excelentes pero no tan extraordinarios como se esperaban, con un primer acto curiosamente apagado para una orquesta de tal envergadura. No obstante, Thielemann irá bordando una función que crecerá a medida que avanza, hasta lograr un remate que revele a pleno el espléndido color de la gran orquesta sajona y sus paradigmáticas cuerdas.

A diferencia de Karajan, el equipo de cantantes reunido por Thielemann es mas veterano, y en casos acusa fatiga vocal; con excepción de la mezzo todos mayores de 45 más un Siegmund de 63. Es un grupo formidable con algunas de las mejores voces de la actualidad. Como Hunding, Georg Zeppenfeld (47) es un siniestro abusador de voz cavernosa y Christa Mayer (37) una Fricka de medios solventes. El Siegmund de Peter Seiffert posee la resistencia necesaria pero el gran tenor lleva en su garganta décadas de Tristanes, Tannhäusers y otros pesos pesados evidenciando el paso del tiempo, si la voz aún rinde se la siente en exceso cansada. Por su parte, el bajo ucraniano Vitalij Kowaljow (48) traza un Wotan de alto nivel.

Las dos mayores atracciones del elenco son las dos Anjas. Ninguna defrauda. El debut de la Harteros (45) como Sieglinde abrigaba dudas y esperanzas, sin desbancar a sus Elisabeth y Elsa, la exquisita soprano alemana entrega una vulnerable, conmovedora Valsunga. En tesitura es un papel un punto mas allá de su zona de confort pero convence en su sinceridad y arrojo. Algo parecido sucede con Anja Kampe (49), cuyo acero vocal se combina idealmente con la textura aterciopelada de Harteros. Kampe brinda una Brünnhilde exigida en lo vocal pero maravillosamente detallada, con un fraseo memorable amén de algunos agudos crudos. La suya es la vibrante lectura que hace la diferencia en la función. 

En síntesis, una Valquiria recomendable que refleja los mas altos estándars actuales pese a dejar translucir cierta rutina y carencias en cada renglón; con sinceridad no basta, falta aquella urgencia, aquel fuego mágico capaz de hacer inolvidable una representación wagneriana. Quizás cuando Wagner pergeñó aquella célebre frase – y que tantas jaquecas sigue trayendo – “Niños, hagan cosas nuevas” se refería a desatar la imaginación que aviva el fuego sagrado; por alguna razón, aquí ese incendio se echa de menos. Ni hoy ni hace medio siglo, el misterio sigue allí.

*WAGNER, DIE WALKÜRE, THIELEMANN, DVD UNITEL C MAJOR 742808

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