Resistir, hoy como ayer y aún aquí




Abrir sendas, ser pioneros, resistir son rasgos esenciales de Seraphic Fire, el laureado grupo coral basado en Miami bajo su director y creador Patrick Quigley. Como no podía ser de otro modo, enfrentan la adversidad de esta frustrante temporada cortesía de la pandemia y consecuencias con una propuesta original, diríase salvadora y por sobre todo, dispuesta a resistir usando y haciendo lo que mejor saben hacer: música.

Seraphic Fire resiste – y resistirá – como hicieron sus antecesores mas lejanos que nacidos de la oscuridad de la Edad Media trajeron un rayo de esperanza para iluminar cada alma, una por una como velas encendidas, con la armonía de la música. No hay que reflexionar demasiado para caer en la cuenta de que si no estamos en otra, una nueva e inesperada Edad Media, estamos al filo de un abismo desconocido y preocupante. Los mismos elementos se han hecho presentes: peste, incertidumbre, aislamiento, pérdidas, caos, desorden, hace falta mas?. Y en este contexto, Seraphic Fire, preparó una temporada novedosa que llega como una imprescindible bocanada de aire fresco.

Desde el vamos, uno de los aciertos y pilares de la entidad ha sido la aproximación, enfoque y relación que traba con cada miembro de la audiencia, los seguidores de Seraphic Fire son mas que público, son amigos que se reunen a escuchar a amigos músicos. Ese ha sido el secreto del éxito de Patrick Dupre Quigley, amén de la indiscutible calidad del producto. Lamentablemente, a raiz de las circunstancias actuales, la magia “en vivo” no es posible y con esto se esfuma parte fundamental del proceso de compartir una experiencia comunal tan enriquecedora y que en este caso particular es vital; una experiencia que nunca se extrañó tanto como ahora y que, como la vida o la salud, jamás debe ser tomada por garantido, dicho sea de paso, algo que se impone dar por aprendido.

En este contexto nuevo y tentativo, Seraphic Fire apuesta a seis conciertos online curados por su creador. Afortunadamente, no se trata de la nueva normalidad que nos brindan las transmisiones online y que traen dos asesinos silenciosos: saturación y distracción, sino programas con aristas sorprendentes dignos de ser mirados en toda su extensión y con la mas absoluta concentración, como si se estuviese en el teatro. Ese es el mayor desafío y el máximo disparador de interés, ver cómo resulta este experimento que ha consumido mucho mas energía que conciertos diriase, “normales”. Reinventarse es arduo pero es la responsabilidad de todo artista responsable, valga la redundancia.

El primer concierto se ocupará de los paralelismos entre aquella oscuridad y la presente con su carga de dolor, desconexión, aislamiento y miedo. En tanto, las circunstancias y sentimientos son parecidos, en aquel contexto, los compositores se las arreglaron para escribir música sublime (del mismo modo, hoy no se piensa cómo Durero o El Bosco pintaron maravillas en inviernos oscurísimos con contadas horas de luz).

Así “Aún aquí, música de amor y plaga” se transmitirá el domingo 8 de noviembre por vimeo y estará disponible durante 72 horas.

El programa se dividirá en tres períodos. El acto 1 se centrará en la Inglaterra Tudor temprana, en particular Enrique VIII y entre las composiciones estará una obra atribuida al propio Henry, “Pasatiempo con buena compañía”. El segundo acto se centrará en las obras de Palestrina y Monteverdi, que vivieron brotes de peste en Roma y Venecia. Entre las obras estará Lamento Della Ninfa de Monteverdi, cuyas obras se interpretaron para celebrar el fin de una ola de peste en 1631 en Venecia. El tercer acto se concentrará en la música de finales de la dinastía Tudor, en particular su último monarca, Isabel I. Entre las obras el divino “Come again, sweet love” de John Dowland.

Quigley y sus colegas se valen del milagro del internet, un elemento obviamente ausente entonces y que hoy hace soportable tanta ansiedad y tristeza, para revivir música de aquellas épocas asoladas por plagas y tiranías. Desde sus lugares, llámese Seattle, Miami, Los Ángeles, Boston o al otro lado del charco, los trece cantantes e instrumentistas grabaron por separado sus partes y Quigley los ensambló para completar el producto. En su este nuevo papel de “curador y productor”, no sólo dirigió sino que añadió textos complementarios para unir cada composición.

Si el Stella cheli extirpavit, que compuesta en el 1400 abre el programa, reza “Estrella del cielo, extirpa esta plaga de muerte plantada. Diosa de las estrellas, dígnate restringir los destinos, cuyas guerras nos dan furiosas úlceras de muerte “, el interés que despierta cómo Seraphic Fire asumirá el reto es motivo suficiente para no faltar a la cita este domingo 8 de noviembre a las 4 de la tarde.

Toda la información en https://www.seraphicfire.org/season-s-concerts/