Roth Costanzo, admirable Orfeo de Gluck en FGO

Alejada de los tempestuosos arrebatos de la ópera romántica como del melodrama verista, remitiendo a la próxima espiritualidad del clasicismo pero sin renegar del ornamento barroco que simplifica al máximo, Orfeo y Euridice es un título lamentablemente poco frecuentado y que en las representaciones de la FGO viene a demostrar su validez e importancia al mismo tiempo que se erige como lo mas simple pero mas sustancioso de la presente temporada lírica. Ópera fundamental del repertorio, dada su considerable brevedad pudieron ofrecerse los tres actos en uno solo pero la directora Keturah Stickann optó por un intermedio después del primero que en la versión elegida (la original de 1762) no culmina con el espectacular aria de bravura Addio o miei sospiri agregada en 1774 (y que la gran Pauline Viardot Garcia resucitó como Amour viens rendre a mon ame en el Orphée de 1859 arreglado por Berlioz) para otorgar brillo dramático al héroe y la oportunidad de desplegar virtuosismo vocal.

Afortunadamente Anthony Roth Costanzo no necesitó de ésta última adición, bastó con su entrega total al personaje, introvertido e íntimo, y una elegantísima línea de canto donde confirmó absoluto control de sus medios, asombroso en los filados, crescendos, diminuendos y proyección donde sumó un caudal importante que remató con un sincero, doliente Che faró senza Euridice. Su cuidada limpidez se apreció en el inicial Chiamo il mio ben cosí y luego en un tan elocuente como apacible  Che puro ciel en perfecta sintonía con el ámbito escénico. Si algunos desprevenidos aún no acostumbrados al andrógino sonido de contratenor – la ópera fue estrenada por el célebre castrato Guadagni – añoraron la carnosidad de la voz femenina de turno (cabe recordar que las funciones del 18 y 31 estarán a cargo de la mezzo Lindsay Ammann) la labor de Roth Costanzo pudo enseñarles la posibilidad de un nuevo horizonte. De eso se trata, es otra particularidad de las múltiples facetas del género lírico.

A su lado, la Eurídice de la debutante Young Artist Jessica Jones, que a último momento reemplazó a la favorita del público local Eglise Gutiérrez, logró equipararse a  su consorte con soltura vocal y escénica dignas de mención. El Amor de Evan Kardon, también del programa Young Artist, fue asimismo eficaz mas allá del innecesario kitsch del traje.

Stickann impuso su sello a la puesta originada en Seattle con escenografía sencilla de Philip Lienau de carácter pastoral y vestuario acorde de Heidi Zamora. Su rasgo mas obvio el fuerte énfasis coreográfico, es coreógrafa devenida regisseur, combatió el estatismo inherente y contribuyó con ágil movimiento del coro bien preparado por Katherine Kozak. Las escenas infernales resueltas astutamente así como la escena del Elíseo que se sumó al sereno fluir de un mito abordado por varios compositores a través de la historia de la música. El recientemente formado Dimensions Dance Theatre dirigido por Jennifer Kronenberg y Carlos Guerra aportó notable despliegue coreográfico respondiendo a las exigencias de Stickmann, renglón donde el contratenor también exhibió su formación integral.

Sólo los tempi solemnes en instancias excesivamente lentos de Anthony Barrese opacaron el desempeño de una orquesta no acostumbrada a las particularidades del estilo pero que rindió competente y sin flaquezas mas allá de cierta falta del ímpetu al que nos han acostumbrado los historicistas con sus altas dosis de urgencia y frescura.

En síntesis, una obra eslabón en la historia de la ópera y un espectáculo poco frecuente que merece verse, máxime cuando está sustentado por un protagonista de los kilates del contratenor.

ORFEO Y EURIDICE – FLORIDA GRAND OPERA – INFORMACION

 BOLETOS $140 A $12 

Orfeo Anthony Roth Costanzo* [Mar 17, 20, 24, 29, 31]
Lindsay Ammann* [Mar 18, 23]

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Foto Chris Karol

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