Operómanos de hoy, sibaritas online

Eugene Onegin en la Ópera Cómica de Berlin



En inciertos tiempos de pandemia, el operómano – léase, fanático de ópera – se ve frente a una oferta impensada; jamás imaginó que desde la comodidad hogareña podría “asistir virtualmente”  a banquete semejante, y por ahora, gratis. Con todo el tiempo disponible puede ampliar sus horizontes, actualizarse, aprender, disfrutar y por ende volverse más selectivo en sus preferencias; teatros tomen nota. Si tener tanto a disposición podría, al retomarse la actividad, acercar más numerosos así como nuevos públicos también implicaría una mayor exigencia para con títulos, presentación y elencos. Es una ventana de oportunidades para audiencias y compañías gracias a sus portales online liberados sin contar con las múltiples opciones que brinda YouTube, hoy por hoy aliado esencial del melómano actual donde  Operavision despliega un frondoso catálogo que vale la pena consultar continuamente

En la disputa por la atención del público virtual queda clara la abismal diferencia entre las puestas en escena tan convencionales que se las rotula de “dinosaurias” por vetustas y anticuadas frente al denostado “Eurotrash” donde todo disparate vale. Asi por la pantalla desfilan las realmente imaginativas, las absurdas, las paupérrimas en presupuesto contrastando con otras onerosas, exhuberantes, decadentes, sofisticadas (“afectadamente refinadas” según el diccionario), continuadoras de una mala tradición que añade exceso al exceso, el caso de Aida donde el Egipto de Verdi a menudo se convierte en una pretensión semi-histórica hollywoodense, para peor con cantantes que en lugar de actuar se limitan a “dirigir el tráfico”.

De lo sublime al espanto, el camino del medio trae un balance esperanzador, con creadores señeros, unos mas serios que otros, que experimentan y apuestan a estéticas renovadoras que a la postre lograrán instaurarse como clásicos, vale recordar el escandaloso Anillo del Nibelungo en Bayreuth 1976, hoy por hoy referencial. A propósito de la tetralogía, la ópera real danesa subió la extraordinaria versión de Kasper Holten conocida como “El anillo de Copenhagen”. Las siguieron los Anillos de Amsterdam, Frankfurt y Opera North constituyendo un opíparo “banquete wagneriano” al que se incorporan titulos cada semana.

La valquiria en Frankfurt

La valquiria en Frankfurt

Debe aprovecharse esta feliz oportunidad porque los grandes teatros abren su ventana gratis sólo por tiempo limitado, es un anzuelo tan lícito como justificable. Asi el Met mostró Fausto y Werther con Jonas Kaufmann y Lulu por William Kentridge agregando títulos cada semana, igualmente la Opera de Baviera, el Covent Garden, la Opera de Paris (que mostró la sensacional Carmen del enfant-terrible Calixto Bieito y la celebrada Les Indes Galantes), el Festival de Glyndebourne con una ópera semanal y la Opera de Viena con la maravillosa La mujer sin sombra straussiana con Nina Stemme y Camilla Nylund sacándose chispas dirigidas por Thielemann.

Bajo Riccardo Muti, al clásico Nabucco romano siguió el innecesariamente recargado Ernani romano y la suntuosa aunque prescindible Tosca de la Scala bajo Chailly que bordea en el despropósito efectista con una Netrebko al tono. Desde Sofia llega Boris Godunov, desde Turin Violanta de Korngold, desde Parma  I due foscari rareza verdiana, desde en el legendario teatro an-der-Wien donde se estrenó, la versión de 1806 de Fidelio beethoveniano por Christoph Waltz, desde Oslo Billy Budd, desde el Colón porteño Aida, desde Beijing Il trovatore e incluso desde Miami, FGO La pasajera.

Las opciones son tantas que periódicos dedican secciones actualizándose con las novedades. Desde cada continente hay para todos los gustos, por momentos tanto que la saturación se dibuja como peligro latente.

El herrero de Gante de Franz Schreker desde Amberes

Especialmente beneficiados son aquellos mas experimentales que asimismo aportan títulos poco frecuentados y francamente fascinantes. El teatro Stanislavsky moscovita con La dama de pique de Tchaicovsky y Guerra y Paz de Prokofiev, la ópera polaca con Halka de Moniusko, la Garsington Opera con The Skating Ring, la Opera de la Moneda con un perturbador Tristan e Isolda y la de Amberes con El herrero de Gante de Franz Schreker y un sangriento Parsifal.  Asimismo Otra vuelta de tuerca en Opera North y la revitalizada ópera cómica de Berlin se llevan las palmas. El impredecible regente del teatro, Barrie Kosky trae la opereta Las perlas de Cleopatra, una rareza de Oscar Straus, autor de Los tres valses, en versión camp, Pelleas et Melisande, Moisés y Aaron, La boheme, La feria de Sorochinsky y un memorable Eugene Onegin donde a diferencia de Dmitri Tcherniakov que la situó íntegramente puertas adentro, la escenifica “a pleno aire”, transformando la escena en un parque de ribetes impresionistas (con el lujo de hacer llover en magistral golpe de teatro), con la excepcional Tatyana de Asmik Gregorian, la estrella del momento tambien desgarradora  Madama Butterfly desde Estocolmo.

Fidelio desde el Theater-an-der-Wien

Aquellos nostalgiosos que viven añorando “qué tiempos aquellos”, deberían atreverse, asomarse sin preconceptos y comprobar el altísimo nivel de cantantes-actores del día y si no todas, algunas producciones de antología, amén de otras refrescantes, ridículas, desconcertantes, irritantes, provocadoras que quizá satisfacerían a sus compositores, quienes entonces fueron todavía mas osados.

En resumidas cuentas, al gourmet de la lírica le conviene zambullirse en la experiencia cuanto antes porque esta bonanza gratis no durará mucho por obvios motivos económicos. Lo cierto que la ópera está viva y que como sea, le ganará a la pandemia para “regresar vencedora”.

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