A las puertas del castillo de Bela Bartók

☼ 1 AÑO DE MIAMI ☼ CLASICA ☼ ARTÍCULO 100 ☼

Pocas o ninguna ópera tan fascinante como El Castillo de Barba Azul. Única incursión al género de Béla Bartók, en una hora exacta devela una inquietante, formidable laberinto. Laberinto dentro (o fuera) de un triángulo que encadena indisolublemente a sus tres personajes: Barba Azul, Judith y la orquesta que los arropa, enmarca y acoge, y que no es otro que el castillo.

Tan ambigua y vaga como sus cantantes (Barba Azul puede ser bajo, barítono o bajo-barítono y Judith una mezzo con un Do agudo o una soprano con buenos graves), asoma del inconsciente, navega aguas oscuras y es la más abisal de las óperas. Obra que cuanto más se frecuenta, más facetas muestra, como si – acompañando la historia – fuera abriendo nuevas puertas, revelándose a sí misma. Agua, luz, sombra y sangre… es un abanico cromático que al final no admite tibiezas, sólo polémica o recogimiento.

La presente versión por Ivan Fischer (también a cargo del prólogo hablado) trepa al tope de las recomendaciones, y conste que pocas óperas han sido tan afortunadas en sus casi cincuenta grabaciones, prueba de la atracción que ejerce sobre directores y cantantes. En primera instancia, la fluidez idiomática de sus intérpretes y la opulencia sonora de la Budapest Festival Orquesta (que dejó un imborrable recuerdo en su visita a Miami) demostrando porqué es considerada una de las diez mejores del mundo. A través de los siete “tableaux” que la componen, Fischer filtra la imprescindible luz para iluminar la lúgubre partitura hasta hacerla visualizable.

Laszló Polgár – experimentadísimo en el rol – e Ildikó Komlósi son dos protagonistas de fuste que rivalizan con famosos como Ramey, Fischer-Dieskau, Niemsgern, Stewart, Berry o Ludwig, von Otter, Varady, Marton, Fassbaender, Urmana y la irremplazable Tatiana Troyanos, ninguna Judith transmitió la angustia y terror tan exquisita y naturalmente.

Grabada en el 2002 y reeditada recientemente, compite con la versión de Valery Gergiev y la London Symphony Orchestra tomada en el Barbican londinense en vivo en 2009. El director ruso convoca una magia inegable y la orquesta responde espléndida. Quizá menos autóctona, menos dramática y distante, mas poema tonal que ópera también convence. La Judith de la rusa Elena Zhidkova recuerda el metal de Obraztsova en el papel y su contraparte, el veterano Sir Willard White, la equipara pese a algún excesivo vibrato (LSO, LSO0685)

Conviene explorar esta obra maestra a fin de sacar mayor provecho de las próximas representaciones en la New World Symphony a fines de abril con un elenco de primera línea. Y a la hora de elegir, si bien Fischer tiene prioridad debiera optarse por ambas, porque este Castillo pide por varias lecturas; y entonces se hace imposible no mencionar las referenciales de Pierre Boulez, Ferenc Fricsay, Ádám Fischer, Janos Ferencsik y el clásico del llorado Itsván Kertész con la imbatible dupla Christa LudwigWalter Berry

*BARTÓK: BLUEBEARD’S CASTLE, FISCHER, CHANNEL CLASSICS CCS SA90311


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