Anthony Kalil, tenor reconquistado y en ascenso

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Anthony Kalil – foto Dario Acosta

El final de cada temporada supone el regreso del pianista Ken Noda y su “cantante de turno”; es la buena costumbre que cierra el ciclo anual de Friends of Chamber Music of Miami, una joven tradición que permite al público local conocer noveles talentos en ascenso. La infalible selección de Noda recayó en esta oportunidad en Anthony Kalil, dejó a Miami adelantarse a otras plazas con el debut de este tenor integrante del prestigioso programa Lindenmann del Metropolitan Opera neoyorquino. A los 32 años de edad, el nativo de Indiana es una voz que está dando que hablar y otro nombre para recordar. Razones sobran.

Primero la anécdota, típica del cantante afortunado y mas jugosa si de tenor se trata. Hasta hace cuatro años, Kalil pintaba casas y abría su negocio de pinturas en Seattle; la aficción por el canto había quedado relegada al olvido hasta que un amigo le pidió que cantara en su boda. El reencuentro con su voz fue tan contundente que decidió tomar clases y regresar a su primera vocación. La reconquista valió la pena. Pasaron apenas seis meses, fue recomendado al programa Lindenmann. Quedó finalista. Kalil cerró el negocio, se olvidó de las pinturas y siguió su instinto. El año pasado debutaba en La mujer sin sombra de Richard Strauss en el mismísimo escenario metropolitano, siguió fogueándose como el Duque de Mantua, Alfredo, Lensky, Pinkerton y Rodolfo en compañías regionales, en bambalinas como cover en el Met y como Benvenuto Cellini de Berlioz bajo la tutela de James Levine. Finalista del Lindenmann, con premios y becas que lo acreditan, antes de marchar a audicionar en Berlin y Viena, probó sus cualidades en el escenario del Templo Beth Am con el formidable acompañamiento de Noda.

El programa de arias y canciones confirmó la presencia de una voz importante, clara, mediterránea y de insólito caudal. Un espléndido Total Eclipse (Handel) inicial causó la excelente impresión que se repetiría a lo largo de la tarde. El ciclo Songs of Travel de Vaughan Williams quizás fue lo mas valioso del recital, mostró un amplio espectro expresivo y por sobre todo un instrumento brillante con matices heroicos en el registro agudo que no se amilana ante pianos y diminuendos.

Dedicada a repertorio italiano, la segunda parte fue un convincente desfile de personajes operísticos. Las canciones O del mio amato ben de Donaudy y en especial Morire de Puccini (que luego usara en La Rondine), señalaron otra memorable instancia. Kalil enfervorizó con impecables La donna e mobile de Rigoletto y E lucevan le stelle de Tosca que nuevamente tuvo en Noda un acompañante ideal, atento, expresivo, estilísticamente irreprochable. A una sobresaliente aria de Jimmy de Ascenso y caída de la ciudad Mahagonny siguió uVogliatemi bene fervoroso y apasionado de Madama Butterfly con Cio-Cio-San a cargo de Vanessa Isiguen. Aunque algo fatigado, Kelil regaló como bis un Nessun dorma de kilates.

Un fin de semana que sin proponérselo permitió al público local conocer a dos soberbios nuevos tenores americanos: el justamente consagrado Bryan Hymel con Seraphic Fire y el promisorio Kalil en franco ascenso. La sonoridad plena de ambos cantantes sonó casi a desquite, después de la sequía que esta temporada planeó ominosa en cuanto a estrellas de la lírica.

Programación de la temporada 2015-16 de http://www.miamichambermusic.org/

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Ken Noda

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