Trifonov, MTT & NWS, sustancioso cóctel de apertura

Daniil Trifonov – foto DGG

Nueva temporada, nuevas caras y un debut importante para una ciudad que los necesita mas que nunca a fin de revitalizar su perfil clásico. Así la New World Symphony abrió oficialmente su temporada con la presencia del notable Daniil Trifonov, un artista diferente en una obra raramente frecuentada que lo que refleja en su medida justa, el Concierto para piano de Scriabin. La conjunción de estos dos artistas esencial e intrínsecamente rusos ofreció un panorama a la vez familiar y novedoso. No faltaron los arrebatos y embestidas en la mejor usanza de Tchaicovsky y Rachmaninoff pero hubo lugar al misticismo y ternura del mas sofisticado, intelectual, adelantado y críptico de los compositores rusos de su era que consideró este concierto casi un pecado de juventud compuesto en tiempo record para luego dejarlo en el olvido. Obra compleja, de aristas sorprendentes, turbulentas sin desdeñar un cromatismo vasto que incita a la introspección y que no deja de ser una ideal carta de presentación al mas sobresaliente ejemplo de la escuela pianística rusa actual: Trifonov.

Aún en sus veinte, Trifonov se permite rescatar al Scriabin de veinticinco años, autor de este hijo solitario pleno de influencias y a punto de despegar hacia extrañas dimensiones. Que Trifonov sea el niño mimado del teclado mundial, como lo fue Kissin en su momento, se justifica, sus credenciales lo ameritan. Como huyendo de la fama que lo persigue implacable desde sus ocho años, parece agazaparse junto al piano para elusivo recluirse y recluir a quien lo desee en un mundo ajeno a influencias exteriores. En primera y última instancia, su universo; recuérdese que es también valioso compositor. Afortunadamente, no se estuvo frente al pianista estrella mediático habitual – ostentoso, espectacular y en última instancia, banal – sino un artista que impone respeto y concentración. No hay medias tintas, atrapa o deja indiferente. Su personalidad – tímida y rotunda – pareció filtrarse e impregnar a sus colegas y público con armas distintivas, bajo un atentísimo Michael Tilson Thomas que manejó sabiamente los contrastes orquestales amén de alguna instancia en que el volumen del ensemble obliteró al piano. Vale destacar el aporte de oboe, clarinete y flauta que completaron el altísimo nivel del conjunto. Tan sutil como imponente, la fenomenal batería de recursos de Trifonov llevó a una conclusión triunfal de una obra inesperada que halla en él su vehemente abogado defensor. La sensibilidad y virtuosismo del pianista se manifestaron todavía más en el Estudio Op.42  del mismo compositor que regaló como bis y que imponen un ansiado, pronto, impostergable regreso a Miami de Trifonov para apreciarlo solo en recital.

Asimismo auspicioso fue el debut del flamante becario en dirección orquestal Chad Goodman a cargo de la obertura Egmont de la música incidental de Beethoven sobre la pieza de Goethe. Curiosa aunque apropiadamente lenta en los compases iniciales, Goodman supo dibujar con la amable colaboración del oboe, un crescendo notable para llegar a la reciedumbre beethoveniana con el requerido rigor heroico de este poema tonal en miniatura.

Otra música incidental, en este caso enmascarada por la inveterada grandilocuencia de Berlioz como sinfonía dramática, regresó en la segunda parte con la suite de Romeo y Julieta, insólita elección inaugural de temporada que despertó no pocas dudas y que fueron rápidamente refutadas por la excelencia del ensemble dirigido por Michael Tilson Thomas quien halla en el temperamental galo un vehículo excelente para poner a prueba la eficiencia y versatilidad de la NWS aviniéndose además a su estilo. Si bien la recopilación de extractos no alcanza a plasmar el gigantesco fresco berlioziano – y deja de lado el sublime Premiers transports para mezzosoprano, una de los páginas mas bellas de toda su obra – propone un desafío espinoso para cada sección de la orquesta que en esta ocasión se mostró aceitadísima desde la monumental fanfarria que sucede al literal festival de cuerdas en fuga. Los terrores y abismos, las típicas escalas berliozianas aplacadas por momentos de lirismo nocturno fueron plasmadas meticulosamente por MTT, regalando una reconfortante dosis del espíritu romántico que poseía al intempestivo compositor.

Un comienzo de temporada con matices diferentes y un solista superior que además marcó la transmisión de Wallcast número cien atendida por miles de aficionados en el parque contiguo, una celebración que merece destacarse. 

Postdata: el fascinante periplo en que se embarca la NWS este miércoles, jueves y sábado rindiendo merecido tributo a la viola con la participación de ilustres solistas internaciones del instrumento. Un acontecimiento imperdible.