Florias, Marios y un Scarpia: quién gana en Tosca?

 

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Jouvanca Jean-Baptiste – foto de Justin Namon

Un histórico video de 1983 reúne quince Toscas de leyenda. Frente a su colega Robert Merrill cada diva expone su enfoque de La Tosca de Sardou à la Puccini, el rol que las retrata por antonomasia. Mezclando vida con escena, entre anécdotas y suspiros alertan y recetan a otras colegas las glorias y peligros de cantarla. Y como la esencia de Tosca es la esencia de la diva de ópera, todas terminan siendo válidas. Propiedad de divas y divettes, si hay tantas Toscas como divas que se precien de tal, en un irónico sablazo al ego de la protagonista Puccini regaló las dos grandes arias al tenor; luego agregó Vissi d’arte, la mas inoportuna de la historia de la lírica y única chance de equiparable lucimiento vocal de la diva en cuestión. Lo cierto es que aquello que el tenor tiene servido, la pobre Tosca tiene que ganárselo; no sólo es la que mas trabaja en escena, además todo le sucede hasta, por supuesto, morirse. Las anécdotas llenan libros, desde pelucas que se incendian y algunas desventuradas que rebotaron en su caída al vacío a Scarpias apuñalados con tenedor a falta de cuchillo y algún Mario herido en una ejecución no tan “simulada”.

Afortunadamente nada de eso sucedió en la tercera entrega de la temporada de Florida Grand Opera que consistió en una Tosca ultra tradicional cuyo mayor interés residió en el renglón musical. En primer lugar, la labor de dos sopranos muy diferentes protagonizando cada serie y asumiendo el papel desde dos perspectivas bien distintas: la de la experiencia y su contracara.

Se ve que Kara Shay Thomson ya cantó el personaje más de un centenar de veces en teatros estadounidenses. La soprano americana lo tradujo en el hábil manejo de recursos – guardó energía un Vissi d’arte de gran nivel – y su voz poderosa, la de una fenomenal Donna Anna en ciernes, y bien timbrada supo completar un retrato de valía. En las antípodas de la experiencia, sorprendió gratamente la haitiano-neoyorquina Jouvanca Jean-Baptiste que conquistó con una Tosca espontánea y refrescante, muy bien actuada aunque no exenta de riesgos vocales para una voz de exquisita sedosidad. Flamante miembro del programa de jóvenes artistas de FGO – fue audicionada luego de llamar la atención en el Amahl del 2012 – con esta actuación Jean-Baptiste despierta el mayor y merecido interés en seguir su evolución como artista.

Tampoco se quedaron atrás los dos tenores, ambos luciéndose preferentemente en el terreno vocal. El portorriqueño Rafael Dávila a partir de una voz generosa provista de caudaloso metal, el mexicano Diego Torre con un enfoque mas estilístico y timbre de rara belleza. Tanto Dávila como Torre fueron eficaces partenaires de sus respectivas Florias. Bastó en cambio con un solo Scarpia a cargo de todas las funciones. Todd Thomas prefirió jugar este personaje que ha fatigado la voz de más de un grande, imponiendo su vena histriónica con voz estentórea y amenazadora.

El resto del elenco actuó con convicción destacándose Adam Lau, otro joven artista del programa de FGO, en la doble asignación de Angelotti-Sciarrone cuya evolución año tras año merece señalarse. Por su parte, Jason Ferrante apeló a la macchietta para enfatizar el carácter del detestable Spoletta.

El director de escena Jose María Condemi logró imprimir vitalidad y sacar partido de una escenografía vetusta que evidencia décadas de uso, un mérito que debe ponderarse máxime cuando no se goza de una puesta propia que permita ilustrar el enfoque personal. Su acertada dinámica se apreció especialmente en la marcación de escenas grupales por lo que el primer acto – tantas veces estático o abigarrado – exhibió una naturalidad envidiable. También supo iluminarla, factor que contribuyó al éxito de la velada. Vaya una ineludible mención a Michael Sakir por la buena labor del coro durante el Te-Deum.

Demasiado a menudo pasa inadvertido que Tosca no es sólo la reunión de tres voces enfrentándose en un policial de corte político que encarna la mordaz definición de ópera “soprano ama a tenor y barítono se opone”, sino que es una pintura sinfónica de Roma, de sus mañanas, noches y amaneceres. Y la tarea de revelar ese Puccini sinfónico corrió por cuenta de Ramón Tebar y su orquesta que desplegó una inaudita paleta de colores. El mérito del director musical de la compañía fue por partida doble ya que Tebar “cantó” con la orquesta y dejó cantar a los cantantes, sustentándolos admirablemente. Vale destacar el progreso que la orquesta evidencia con cada título – la temida entrada de los bronces y la expuesta frase de los cellos del preludio al tercer acto fue prueba irrefutable – un avance tal que compitió por el protagonismo de la velada, y que en instancias fue claro vencedor.

Puccini – Tosca: Adrienne Arsht Center for the Performing Arts-Abril 1, 2, 4, 5 (Miami), 10, 12 (Fort Lauderdale).

Información al (800) 741-1010 o en el enlace online de FLORIDA GRAND OPERA.

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