Aksel, el encanto de la juventud

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Con el disco compacto de Aksel Rykkvin no pude dejar de recordar a mi abuela lamentándose ¨Ay, juventud, divino tesoro te vas para no volver”. Nada mas abstracto y efímero que la música si no se la interpreta, si no se la testimonia. Y el promocionado “fenómeno” noruego ha tenido el buen tino de hacer una colecta para reunir fondos y dejar constancia de sus dotes vocales a una tierna edad – doce – que pronto le rendirá cuentas con el cambio de voz que se avecina inexorable. La vida de la llamada “voz blanca” (voz de niño sin vibrato) es corta pero siempre ha ejercido justificada fascinación; se trata de vivir y captar el momento a pleno ya que el fin acecha y no puede estar muy lejos. Es un paraíso que no vuelve.

A diferencia de otros productos comercializados salvajemente por la media y vecindades, léase infantes cantando como pueden repertorio que no deben (y que en la mayoría de los casos no pueden asimilar emocionalmente por falta de vivencias), Aksel se ubica en las filas de los niños cantores acorde a la gran tradición a la vez que exhibe facultades excepcionales en un repertorio para su edad amén de las requeridas exigencias técnicas. Nacido en abril del 2003 lo avala haber integrado el coro de niños de la ópera noruega y de la catedral de Oslo haber participado en el estreno de Elysium, la ópera post-apocalíptica de Rolf Wallinn, La tempestad de Adès, protagonizar Der Jasager de Kurt Weill y próximamente como Yniold en Pelleas et Melisande.

Afortunadamente, el programa se circunscribe a conocidas arias de bravura del barroco y clasicismo – Bach, Handel y Mozart – en su mayoría compuestas con la voz blanca en mente y hoy raramente escuchadas por este tipo vocal cuando no para célebres castrati, contando con el adecuadísimo acompañamiento de la Orchestra of the Age of Enlightment bajo Nigel Short.

Su canto desborda aplomo y musicalidad, exhibe una voz brillante, segura que maneja con sobrada batería de recursos, si bien la afinación por momentos lo traiciona asi como algunos deslices en el pasaggio. No obstante, el resultado impacta y reconforta porque con sus virtudes transciende al mero atleta vocal para dejar apreciar lo que importa, la música.

Nada menos que Jauchzet Gott in allen Landen de Bach abre el programa, despachado con velocidad y timbre destacables, le sigue Ich folge dir gleichfalls (de La Pasión según Mateo) y un grupo Handel – Eternal Source of Light Divine y arias de Joshua, Alcina, Rinaldo, Messiah y Samson– donde muestra innegable luminosidad y legato. En las arias de Alcina compuestas expresamente para voz blanca, añade urgencia y dramatismo sin doblegarse ante los escollos; asimismo Lascia ch’io pianga recibe espléndida lectura como Thou art gone up on high donde la seguridad del agudo, su fuerte frente a graves trabajosos, no deja de asombrar. Por otra parte, atacar con semejante desenfado  Let the bright Seraphim es digno de, valga la redundancia, un serafín.

Además del Alleluia del Exsultate jubilate que cierra el disco con honores, Aksel canta las dos arias del adolescente Cherubino de Las bodas de Fígaro a cargo de la mezzo de turno. Esta única licencia del cantante resulta un hallazgo, tanto Voi che sapete como Non so piú emergen frescas, vívidas, renovadas.

Un recital encantador ante el que en instancias es imposible no esbozar una sonrisa frente a los logros del muchachito noruego. Otros niños cantores lograron pasar la barrera una vez sufrido el cambio de voz afianzándose como contratenores o barítonos, los nombres de Bejun Mehta, Max Emanuel Cenčič, Andreas Scholl, Sebastian Hennig y Jacques Imbrailo son los primeros que acuden a la mente. Por ahora, y antes de que su voz lo abandone, sería conveniente que registrara el solo de la Cuarta Sinfonía de Mahler donde un niño (asignado a soprano pero grabado en ocasiones por una voz blanca) describe las delicias de la vida celestial. Lo merecería.

* AKSEL!, SHORT, SIGNUM CLASSICS SIGCD435

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