Harteros y Beczala en un baile de pesadillas

 

A propósito del inminente Un baile de máscaras de Verdi en la Florida Grand Opera llega este DVD originado en la Opera Nacional Bávara con una puesta en escena que dará urticarias a más de un inflexible tradicionalista. Ballo es una de las joyas del período medio verdiano y una de las mas sólidas – y bellas – óperas del repertorio con un argumento que se presta a la experimentación tanto en su versión “sueca” como en la “colonialista americana” fruto de la censura de la época. Hoy, para fortuna o desgracia, todo vale.

Si la surreal puesta de Johannes Erath para su debut en la casa lírica muniquesa incita a la polémica, los ánimos se atemperan gracias a la elegante y estilizada escenografía de Heike Scheele que remite a las grandes producciones de Hollywood de la era dorada, Billy Wilder y Alfred Hitchcock a la cabeza. En lustrosos blancos y negros la escena gira en torno a una cama matrimonial presente durante todo el transcuro de la ópera que podría resumirse a una pesadilla del protagonista, por otra parte, única explicación ante semejante delirio escénico. Toda la acción transcurre alrededor de la cama, y la amenazadora escalera caracol al fondo que preside la escenografía, como una constante de la espiral de la existencia del protagonista, y donde se ubicará la adivina Ulrica, aquí una figura con connotaciones quasi wagnerianas, Erda quizás?.

La propuesta es retratar “gente que vive toda su vida detrás de una máscara”. Y por cierto que la ambivalente figura del insatisfecho Ricardo, con sus desplantes, huidas y deslices de la función pública se presta muy bien, así como Amelia, Renata y ese extraño personaje llamado Oscar, nunca del todo aprovechado, sin su necesario “entrelíneas” para justificar su existencia. En este mundo de veladuras, espejos deformados, de farsa pesadilllesca, de cortesanos mafiosos y amigos intrigantes Verdi parece anticipar el “Todo en el mundo es burla” de Falstaff creando un teatro dentro del teatro al que tan adicto era el original rey Gustavo III de Suecia. Buen testimonio es la resolución del segundo acto cuando la tragedia se torna comedia, y aquí el concepto de Erath realmente funciona. Este continuo doble juego sueño versus realidad, es la única manera de digerir el trabajo del director que cuenta con un elenco de lujo a su disposición.

En el foso, Zubin Mehta celebra sus jóvenes ochenta y prosigue demostrando que vive un dorado ocaso además un obvio romance con la orquesta y coro del teatro muniqués. Su lectura está caracterizada por un discurso vocal elegante, preciso, sin la intensidad dramática y los contrastes extremos de un Solti o Muti.

En plenitud vocal, el notable tenor polaco Piotr Beczala es un Riccardo magnífico amén de que su voz podría ser demasiado clara para el personaje, rasgo preeminente a otros grandes exponentes como Pavarotti y Bjorling por sólo nombrar dos. Mas lírica que spinto, Anja Harteros es por lo tanto un complemento ideal. En su debut en el personaje, no se la siente completamente cómoda; no obstante, es una Amelia de lujo, con exquisita expresividad y línea de canto, quizá sin rivales actuales, al estilo de las Amelias germanas (léase Rethberg, Rysanek). Ambos conforman indiscutiblemente una pareja estelar.

En cambio George Petean sólo cumple como Renato, un papel que como en este caso transita entre lo anodino y lo ladrado, haciendose sentir la acuciante falta de verdaderos barítonos verdianos, al parecer una especie extinguida. Asimismo, la Ulrica de Okka von der Damerau no es la auténtica contralto o mezzo dramática requerida, hecha esta salvedad, su desempeño es excelente, suerte de misteriosa figura mezcla de Anita Ekberg y Gloria Swanson, posee gran musicalidad y refinamiento. El Oscar de la rusa Sofia Fomina raya lo excepcional, por una vez el rol cobra interés y debe acreditarse más a la cantante que a las ideas del director.

En definitiva, suntuoso en lo musical y escénico, este es un baile mas para expertos que para novatos en danza verdiana. Es una segunda o tercera opción frente a los clásicos, léase Levine en el Met con Pavarotti o Solti (reemplazando a Karajan fallecido días antes del estreno) en la espectacular puesta de John Schlesinger en Salzburg con Domingo, tampoco olvidar la de Abbado-Schenk con Domingo (y Cappuccilli) en Covent Garden de 1975 y la añosa de Tokyo con Bergonzi y Stella, una reliquia frente a la versión de La Fura en La Moneda de Bruselas que hace quedar convencional a ésta de Munich. Pobre Verdi.

*VERDI, UN BALLO IN MASCHERA, MEHTA, UNITEL-C MAJOR, DVD 739408

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