Presentimiento y vivencia de guerra

 

La voz de Ian Bostridge corta el aire como una bayoneta o lo acaricia perdiéndose en elegías, el piano de Antonio Pappano es tambor, arpa, cañón o simplemente piano. Una veintena de canciones que mas que canciones se abren como llagas y que sin embargo, sirven de consuelo. Este personalísimo Requiem simboliza entrañable la piedad por los caídos en la contienda, piedad, asombro y rabia por el sin sentido de la guerra misma. Creadores de este soberbio homenaje en conmemoración al armisticio de la Primera Guerra Mundial, tenor y pianista arman un programa trascendente y significativo “desde las trincheras” mas allá de que las canciones que integran el álbum no fueron escritas para esta guerra en cuestión.

Para representar los dos bandos han elegido cuatro compositores en los que la guerra se presiente o se vive y en dos casos en la que se muere. Y en este sentido, si las canciones de Gustav Mahler y Kurt Weill aportan el dramatismo requerido desde dos enfoques bien diferenciados son las poco frecuentadas de Rudi Stephan y George Butterworth las que elevan el recital hacia otra dimensión.

Las seis canciones de A Shropshire Lad integran un ciclo de George Butterworth (1885-1916) sobre los famosos poemas de A. E. Housman, una de las joyas del repertorio británico gracias a su economía de medios y dulce ironía donde prima el mas bucólico lirismo. Originalmente para barítono suenan espléndidas en la voz de Bostridge, tenor inglés par excellence del día. Nótese que Butterworth murió a los treinta y un años víctima de un francotirador en las trincheras durante la batalla del Somme.

Un año antes moría en el frente oriental Rudi Stephan (1887-1915), una de las prometedoras luces de la joven música germánica. Aunque grabada en años recientes, el ciclo Ich will dir singen ein Hohelied sobre textos de Gerda von Robertus (1872-1939) es un brillante aporte de Bostridge a la difusión de la obra del compositor de Worms. Pleno de erotismo y magia, el tenor hace de cada Lied una revelación.

Ideal complemento son las Four Walt Whitman Songs compuestas por el exilado Kurt Weill en América después del ataque a Pearl Harbor sobre Poemas de la Guerra Civil. Asimismo, las tres canciones escogidas de Des Knaben Wunderhorn de Mahler que inician el recital son el marco perfecto para los descubrimientos que llegan a medida que avanza el recital. Si Revelge y Der Tamboursg’sell cumplen con la ferocidad debida, es en el clásico Wo die schönen Trompeten blasen donde tenor y pianista plasman una pintura de infinita, mansa tristeza.

Un recital que combina impotencia, rabia, desconsuelo, ironía, dulzura y pérdida para servir de recordatorio tan simple como soberano de los caídos en la Gran Guerra y todas las guerras.

* Requiem, The Pity of War, Ian Bostridge – Antonio Pappano, WARNER CLASSICS, CD 0190295661564 

 

 

 

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