La inesperada levedad de Bruckner

CCSSA33714

Esta flamante Séptima de Bruckner por Ivan Fischer y su Orquesta del Festival de Budapest debe escucharse: es “otra” sinfonía. Atrás queda la densa majestuosidad del maestro Celibidache (para muchos literal propietario de la obra), la tersura sofisticada de Karajan o la solemnidad espiritual de Furtwängler (imposible olvidar Wand, Jochum, Barenboim y Haitink); el notable director húngaro la ilumina otorgándole una diafanidad inaudita, aunque debe recordarse que Abbado (y Ormandy muchísimo antes) ya habían tratado algo parecido con el monumento bruckeriano. Otra vez, Fischer se sale con la suya.

Es la mas famosa de las nueve sinfonías del austríaco, quizá la mas accesible, estrenada por Nikisch en Leipzig y que debe a Wagner la inspiración del sublime adagio, un tributo a la muerte del alemán acaecida durante la composición del segundo movimiento. Uno de los máximos adagios de la literatura sinfónica que aquí emerge con claridad y transparencia refulgentes. La fluidez que Ivan Fischer imprime al discurso musical no se detiene en ningún momento, hay en su concepción un clara veta pastoral, una urgencia schumaniana, un optimismo triunfal que contrasta con horas nefastas de la historia del siglo XX en las que se la usó como virtual mortaja.

El enfoque de Fischer es intrépido pero logra plasmarlo con la impecabilidad que lo caracteriza y que ha demostrado en Bartok, Mozart, Mahler y Wagner. En este acto temerario, casi insolente, el maestro húngaro desviste a la sinfonía de toda densidad, quienes crean que le resta espiritualidad se sorprenderán con el resultado; todo lo contrario, es una decantación que propicia otra asombrosa vertiente. Para esta interpretación decantada, ríspida, provista de una expresividad noble y revitalizante, cuenta con una de las poquísimas orquestas actuales con un sello personal inmediatamente reconocible, la extraordinaria del Festival de Budapest, tan diferente de las de Viena, Berlin, Dresde o Amsterdam, a las que no tiene nada que envidiar y que exhibe una identificación absoluta con Fischer.

Una lectura que no desplaza a otras colosales versiones de la sinfonía pero que se ubica a la par gracias a una propuesta distinta y valiosísima. Y por si esto fuera poco sirve como exquisita introducción para animar al principiante en aguas bruckerianas.

BRUCKNER: SINFONÍA 7, FISCHER, Channel Classics CCS SA 33714

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