El barbero diabólico afila su navaja en el Arsht

foto Justin Namon

Para quien conozca la historia (y a estas alturas pocos la ignoran, especialmente después de la intrascendente como desmesurada película de Tim Burton), la propuesta de un Sweeney Todd de cámara y en un teatro íntimo puede causar justificada reticencia. La sola idea de estar rodeado o demasiado cerca de la acción de este aún hoy feroz híbrido entre comedia musical y ópera con ribetes del infame grand-guignol – sanguinoliento teatro del horror parisino de antaño – resulta claustrofóbica cuando no repugnante.

A cuarenta años de su estreno en Broadway, la obra de Stephen Sondheim basada en la pieza de Christopher Bond con intrincado texto de Hugh Wheeler continúa vigente, quizás menos espeluznante en vista de tanto horror circundante, erigiéndose como una de sus mejores creaciones, ha traspasado barreras, ha sido escenificada en grandes casas de ópera, posee todos los elementos para añadirse a la privilegiada lista de “musicales” que se han incorporado al repertorio lírico americano junto a Porgy & Bess o West Side Story, del que recuérdese Sondheim escribió la letra. Aunque ranciamente cockney, Sweeney Todd es la opereta negra americana por excelencia en su sarcástica visión de lo más sórdido de la era victoriana plasmada a certeros navajazos musicales. 

Nada hay que temer, nada de eso ocurre en la espléndida versión de Stuart Meltzer hasta el domingo 7 de abril en el Carnival Studio Theater del Arsht Center miamense. El logro del director de la compañia Zoetic Stage es haber sintetizado la espectacular puesta original de Harold Prince que la estrenó adaptándola como virtual ajedrez donde los veinte personajes se reducen a ocho apelando a la imaginación del público que responde cautivado, incluso el elegido como “víctima” para el concurso de afeitadas, que aliviado regresa ileso a su butaca.

Si bien no es la primera versión de cámara, se adelantó Los Angeles en 1994 siendo la mas conocida la londinense de John Doyle en 2004, el emprendimiento local no se queda atrás. De hecho, por impecable resiste gallardamente odiosas comparaciones, por otra parte inevitables. Meltzer y su ensamble logran hilvanar la esencia macabra del cuento con el humor mas negro dotándola de una rara elegancia, rasgo que la distingue de otras mas truculentas mientras aportan con una perturbadora sensación doméstica, sólo faltó que la cocinera repartiera empanadas de carne a la audiencia. Con buen tino y talento, Meltzer recurre a sugerir – recurso lamentablemente usado cada vez menos- en vez de mostrar y sale ganando.

Simples pero tan imaginativos como eficaces escenografía, luces y trajes de Natalie Taveras, Rebecca Montero y Marina Pareja respectivamente crean el marco ideal para el brillante desempeño de sus protagonistas. Aloysius Gigl transita cómodamente al injustamente encarcelado Benjamin Barker devenido monstruoso barbero de Fleet Street mientras que con perfecto timing Jeni Hacker como Mrs.Lovett, papel jugoso si lo hay y antológica macchietta de Angela Lansbury en la versión original, hace un trabajo memorable al resolver sin dificultad los diabólicos escollos vocales pergeñados por Sondheim para esta deliciosa cruza de Lady Macbeth con Bruja de Hansel y Gretel. Al no desbordarse, ambos no empalidecen frente al recuerdo de Len Cariou, Imelda Staunton (extraordinaria), Emma Thompson o el colosal Bryn Terfel.

Los secundan excelentes Terry Hardcastle y Henry Gainza, el pérfido juez y su secuaz y Kimberly Doreen Burns en la doble asignación de la mendiga Lucy y el charlatán Pirelli, único aspecto discutible de la propuesta de Meltzer. La parejita a cargo de Nate Promkul – dinámico amén de notable cantando Johanna – y Shanon Booth contribuyen acertadamente, mención especial para Kevin Veloz del New School of the Arts que como el infeliz Tobías despliega inusual talento. La orquesta en off por Paul Tine cumple al pie con la reducción de seis instrumentos.

En suma, una gratísima sorpresa donde no ruedan cabezas ni la sangre inunda las primeras filas del Black Box del Arsht sino talento local para apoyar sin vuelta de hoja, mejor dicho, de navaja. Recomendado.

“Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street”, Carnival Studio Theater, Adrienne Arsht Center for the Performing Arts, $55. 305-949-6722 o  ArshtCenter.org

Aloysius Gigl y Jeni Hacker como Sweeney Tood y Mrs. Lovett

 

 

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