Esencial Carlos Kleiber, por partida doble

Genio y figura hasta la sepultura, el hijo encarnó como ninguno la frase de su padre – el célebre  Erich Kleiber – grabada en el Teatro Colón porteño “la rutina y la improvisación son los enemigos mortales del arte”. A ese hijo, Carlos Kleiber, el más enigmático y elusivo de los directores del siglo XX, le llega el momento más personal – algo que seguramente hubiese detestado – en dos documentales de aparición simultánea en DVD.

Dirigidos por  Eric Schulz (Huellas a la nada-TRACES TO NOWHERE (Arthaus Musik 101 553) y Georg Wübbolt (Estoy perdido para el mundo –I AM LOST TO THE WORLD (C Major 705608), son de visión impostergable para todo interesado en un perfil biográfico del maestro, ni qué decir para su legión de fanáticos que aguardaron siete largos años por algo más que la edición comercial de su legado videográfico y de los famosos ensayos de Stuttgart de 1970.

Colegas, músicos, amigos y conocidos intentan resolver el enigma a través de impresiones y anécdotas. Ambos documentos dejan un poco el lado puramente biográfico – y en el camino queda algo relegada su infancia y adolescencia en Argentina, Cuba y Chile, material que bien podría inspirar un documental en castellano – para internarse en un viaje emocional y emocionante. Estos dos últimos rasgos se aprecian más aún en el trabajo de Schulz donde la insólita participación de su hermana Verónica Kleiber cobra vital relevancia, visto y considerando la feroz privacidad que rodea la figura del director; de hecho, no se mencionan sus hijos Markos y Lilian de su mujer, la bailarina eslovena Stanislava Brezovar (1937-2003). Desde la casa de reposo Giuseppe Verdi en Milán, la octogenaria Verónica aplica las pinceladas más cálidas hasta completar un entrañable, enternecedor retrato: “Era tan frágil…me decía, soy como en Lohengrin: tu pobre hermano…”

El retrato del enfant-terrible, del maestro imposible, del tácito competidor con su padre, del supremo hacedor queda en manos de las excelentes intervenciones de Manfred Honeck, Michael Gielen, Otto Schenk, Placido Domingo y una reveladora Brigitte Fassbänder, desde la perspectiva de  cantante y de hija de famoso (Willi Domgraf-Fassbänder). Tanto su hermana como la mezzo, exhiben cartas (Fassbänder se deleita con los “Kleibergramas” con los que alababa o torturaba al equipo después de cada función) y su lado más místico, la lectura de Zhuangzi y poetas orientales que reflejaban su intención de no dejar huellas.

Más restringido al renglón profesional, Ich bin der Welt ablanden gekommen título de la canción de Mahler que no perteneció a su repertorio pero que lo define a la perfección – recoge más anécdotas y opiniones; algunas superficiales, otras trascendentes. Desfilan  Riccardo Muti (“Para él dirigir era un acto religioso y a menudo se sentía inferior a la música que dirigía”), Sir Peter Jonas, Ioan Holender, Pamela Rosenberg y como en la anterior, Otto Schenk, Michael Gielen y el oboísta Klaus König (“Cuando dirigía, su rostro era el de la música”).

Aparte de alguna irrelevante infidencia, el tono de los entrevistados es de obvia veneración. Desde ángulos no muy diferentes, tanto Schulz como Wübbolt realizan un aporte necesario e invalorable. Aporte que se suma al de otros notables retratos en DVD de directores de orquesta aparecidos últimamente, como Ferenc Fricsay (Music Transfigured), Herbert von Karajan (Karajan), Claudio Abbado (Hearing the Silence), Sergiu Celibidache (You Don’t Do Anything, You Let It Evolve) y el especialísimo Furtwängler’s Love desde la perspectiva de su viuda Elisabeth.

Una contribución – y por partida doble – tan esperada como esencial sobre un artista cuya tragedia fue ser demasiado talentoso; una leyenda que crece por derecho propio☼

Sebastian Spreng©

Ver:  Carlos Kleiber, la huella imborrable de un exiliado del mundo

Carlos Kleiber en el rincón derecho dirigiendo el trío de Der Rosenkavalier con Anne Sofie von Otter, Felicity Lott y Barbara Bonney  

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